La transición de los medios tradicionales (radio, televisión, prensa) a las redes sociales ha multiplicado la vulnerabilidad de menores de edad ante los mensajes promocionales de los ultraprocesados.
En las últimas décadas, la región ha experimentado una transición alimentaria, pasando de dietas basadas en alimentos naturales a patrones de consumo dominados por productos ultraprocesados, incidiendo de manera preocupante en la salud de la niñez y la adolescencia.
De acuerdo a la Unicef, la obesidad infantil influenciada por dietas con un alto contenido de alimentos ultraprocesados tienen consecuencias de salud de por vida y aumentan el riesgo de padecer enfermedades no transmisibles (ENT), que incluyen enfermedades cardíacas, diabetes y algunos cánceres.
También las niñas y los niños que viven con sobrepeso y obesidad pueden sufrir efectos psicológicos y psicosociales, como el estigma por el peso, aislamiento social, depresión, baja autoestima y bajo rendimiento escolar, se señala en el documento “Publicidad de alimentos y bebidas no alcohólicas no saludables dirigida a niños y niñas”.
Según expertos como el sociólogo Diego Rodríguez, de la Organización Multidisciplinaria para la Integración Social (OMIS), Uruguay, y el investigador e ingeniero en alimentos Gastón Ares, este cambio no es casual, sino el resultado de un entorno diseñado para incentivar el consumo de productos que dañan la salud, y en que juega un papel preponderante la publicidad y el marketing de la industria de los ultraprocesados.
Pero la estrategia publicitaria dirigida a las infancias en las dos últimas décadas ha sumado un nuevo escalón, el entorno digital.
El reto de las redes sociales
La transición de los medios tradicionales (radio, televisión, prensa) a las redes sociales ha multiplicado la vulnerabilidad de los menores ante los mensajes promocionales de los ultraprocesados, creando un ecosistema digital que ha transformado la forma en que las la industria interactúa con niños, niñas y adolescentes.
Según el reporte Marketing Digital de alimentos y bebidas no saludables hacia niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe (Unicef, 2022), este nuevo modelo publicitario ha superado las capacidades de los marcos regulatorios tradicionales, creando un entorno de exposición constante y altamente personalizado que pone en riesgo la salud de esta población.
En el entorno digital, los niños y adolescentes tienen dificultades para diferenciar qué es publicidad y qué es entretenimiento. Además, la industria aprovecha los estados de ánimo negativos (como el estrés en redes) para posicionar sus productos como mecanismos de gratificación inmediata.
Y estos “nuevos medios” tienen la cualidad de mantener con más intensidad la atención de los usuarios, por más tiempo.
De acuerdo a un estudio “Exposición de niños, niñas y adolescentes al marketing digital de alimentos y bebidas no saludables en Argentina, Colombia, Guatemala y México”, de la Unicef, el promedio del tiempo de exposición al internet de las infancias en estos cuatro países es de tres a cinco horas, “llegando hasta ocho horas en algunos casos, sobre todo en los y las adolescentes”. La edad de inicio de la exposición de las infancias a las redes sociales: dos años.
Desafíos en la regulación y políticas públicas
A pesar de que varios países en América Latina y el Cariba han logrado hitos en el etiquetado frontal y regulación publicitaria, el avance sigue siendo lento debido a los fuertes intereses económicos y el cortoplacismo político.
Lina Cerón, de Red Papaz, denuncia una alta interferencia de la industria en los órganos legislativos, utilizando estrategias para evadir la regulación, como la «autorregulación» o el lobby para retrasar debates de ley.
En tanto que la industria suele esgrimir el argumento de la «libertad de elección», algo que Gastón Ares rebate: «No hay libertad cuando una niña o un niño es bombardeado por algoritmos diseñados para que desee un producto ultraprocesado».
Las personas expertas en estos temas coinciden en que la solución no puede limitarse a la educación nutricional individual, ya que el entorno actual es obesogénico por diseño. Se requiere una acción política estructural que priorice el derecho a la salud y la protección de la infancia sobre el beneficio económico corporativo.
Ante esta situación, plantean como medidas la prohibición de la publicidad y el patrocinio (incluyendo logos en neveras o donaciones deportivas) en instituciones educativas; exigir métodos reales de verificación de edad en las redes sociales y responsabilizar legalmente tanto a las empresas como a los creadores de contenido (influencers); y aumentar impuestos a ultraprocesados y subsidiar alimentos naturales para equilibrar el acceso económico.








