Comerás lo que ellos quieran: el poder de la publicidad corporativa

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Solo tres multinacionales de ultraprocesados (Coca-Cola, PepsiCo y Mondelez) invirtieron más de 13 mil millones anuales en publicidad. Esa cifra representa 31 veces el presupuesto anual de la OPS o cuatro veces el dinero anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

El poder de las corporaciones queda a la vista: imponen su discurso, construyen sentidos e inundan pantallas y platos con productos poco (o nada) saludables.

Un negocio billonario

Entre 2009 y 2023, las ventas del mercado mundial de ultraprocesados crecieron de 1,5 billones a 1,9 billones de dólares, lideradas por un rápido crecimiento de las ventas en países de ingresos bajos y medios. Los países de origen de las principales empresas son Estados Unidos, Suiza, Reino Unido y Francia.

En noviembre pasado, la revista científica The Lancet publicó una serie de tres artículos sobre productos ultraprocesados, donde participaron más de cuarenta investigadores y realizó una contundente denuncia contras las empresas: «Estamos en una pandemia de enfermedades crónicas». Y puso nombres propios: Nestlé, PepsiCo, Unilever, Coca-Cola, Danone, Femsa, Mondelez y Kraft Heinz.  «Es necesaria una respuesta global coordinada que confronte el poder corporativo», llamó la prestigiosa revista científica.

En el tercer artículo de la serie, titulado «Hacia una acción global unificada sobre los alimentos ultraprocesados: comprender los determinantes comerciales, contrarrestar el poder corporativo y movilizar una respuesta de salud pública«, precisaron el dato cuantitativo que muestra el poder empresario: en 2024, Coca-Cola, PepsiCo y Mondelez invirtieron un total combinado de 13 mil millones de dólares en publicidad, declarados en sus balances corporativos y citados por The Lancet.

Unicef ya lo dijo

«La publicidad nociva contribuye a dietas poco saludables y a la salud deficiente de las niñas y los niños», afirma Unicef en su informe «Publicidad de alimentos y bebidas no alcohólicas no saludables dirigida a niños y niñas». Y destaca: «Tanto las niñas y los niños más pequeños, así como los más grandes, hasta los 18 años de edad, están expuestos a grandes volúmenes de publicidad de alimentos no saludables, lo que trae consecuencias negativas para su alimentación y salud«.

El trabajo resalta que «la evidencia es clara» en cuanto a que la publicidad de los alimentos no saludables es muy persuasiva y poderosa para influir en niños y niñas. «Crea normas sociales en torno a los alimentos y a la acción de comer, aumenta la preferencia y el consumo de alimentos ultraprocesados entre los niños y las niñas». Y, afirma, esto conduce al  aumento de peso y un riesgo más alto de sobrepeso y obesidad, así como a una variedad de ENT (Enfermedades No Transmisibles) como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y algunas formas de cáncer. Las ENT provocan 43 millones de muertes al año.

Unicef recuerda que, ya en 2016, la Comisión para Acabar con la Obesidad Infantil de la OMS concluyó que “existe evidencia inequívoca de que la publicidad de los alimentos no saludables y las bebidas azucaradas está relacionada con la obesidad infantil”.

Publicidad, redes y regulaciones

El artículo científico «Marketing de alimentos y bebidas dirigido a jóvenes en once países latinoamericanos: una revisión exploratoria», publicado en diciembre de 2025 analizó 54 estudios sobre estrategias de marketing de productos ultraprocesados aplicadas en la región, en la que investigadores mexicanos detectaron que el 60% de los productos anunciados son poco o nada saludables.

«Los medios tradicionales, como la televisión o el embalaje, siguen siendo canales prominentes que exponen a los jóvenes al marketing poco saludable de Alimentos y Bebidas (FyB). Estudios recientes han comenzado a explorar plataformas nuevas y emergentes, particularmente los medios digitales, que plantean crecientes desafíos regulatorios», señala la investigación del Centro de Investigación en Nutrición y Salud de México.

Recuerda que las escuelas continúan siendo entornos claves donde la población  jóven está expuesta a la comercialización, lo que subraya la necesidad de una regulación integral. También precisa que aunque los medios digitales no estuvieron entre las plataformas más analizadas en los estudios revisados, «es importante considerar que está ganando relevancia».

Alerta que las nuevas estrategias corporativas apuntan a los medios digitales, «el uso de estrategias de marketing persuasivas en Facebook, Twitter y YouTube, como promociones e incentivos, combinadas con técnicas digitales aumenta significativamente la exposición a jóvenes».

Destaca que es importante considerar que, vía Internet, utilizan técnicas publicitarias que facilitan el marketing interactivo, permitiendo a quienes venden permanecer en contacto constante con niños, niñas y adolescentes y creando un sistema de retroalimentación para refinar las técnicas de marketing.

«Las empresas de comida rápida están empleando campañas publicitarias interactivas en sitios web y redes sociales –principalmente Facebook, Twitter y YouTube–, videojuegos, videos en línea, mensajería instantánea y servicios móviles, entre otros, para promocionar sus productos», describe.

En las conclusiones de la investigación llama la atención de la necesidad de regulaciones de marketing integrales, que incluyen televisión, empaques, plataformas digitales, medios emergentes y entornos donde los niños y adolescentes pasan tiempo: «Las regulaciones son esenciales para salvaguardar los derechos de las juventudes a una nutrición adecuada y para apoyar objetivos de salud pública más amplios».

Dos casos: bebidas azucaradas y leche para bebés

El sitio de noticias económicas Investopedia analizó los últimos balances públicos de Coca-Cola y detectó que la compañía invierte, anualmente, 4 mil millones de dólares en publicidad. La empresa es propietaria de más de 500 marcas de bebidas no alcohólicas que se venden en más de 200 países. En su estrategia de ventas se asocia con embotelladores, distribuidores, minoristas y mayoristas que ayudan a llevar los productos de la compañía a los consumidores y las consumidoras de los lugares más recónditos del mundo.

«Coca-Cola es una vendedora agresiva. Trabaja sobre la importancia de diseñar ‘experiencias’ que incluyan sus productos, experiencias que se hacen eco de la vida de los consumidores y muestran cómo un producto los mejora (…) Su ventaja radica en los datos, la tecnología y el análisis de los países seleccionados para que los mensajes resuenen con los mercados», señala la investigación.

Las acciones de la compañía en la Bolsa de Nueva York tienen una capitalización de 265 mil millones de dólares, con ingresos anuales de 39 mil millones.

Por otro lado, la revista científica The Lancet publicó un duro artículo sobre el rol de las empresas que intentan sustituir la leche materna. «Comercialización de fórmulas de leche comerciales: un sistema para capturar a los padres, las comunidades, la ciencia y la política«, es el título del artículo.

Recuerda que, a pesar de los beneficios comprobados, menos de la mitad de los bebés y niños pequeños en todo el mundo son amamantados de acuerdo con las recomendaciones de la OMS. Al mismo tiempo, las ventas de Fórmulas de Leche Comerciales (CMF) han aumentado a alrededor de 55 mil millones de dólares anuales, con más bebés y niños pequeños que reciben productos de fórmula que nunca.

«Las ventas de CMF son impulsadas por estrategias de marketing multifacéticas y bien financiadas que retratan sus productos con poca o ninguna evidencia (científica) de apoyo, como soluciones a los desafíos comunes de salud infantil y desarrollo de manera que socavan sistemáticamente la lactancia materna«, denuncia la investigación y alerta que las plataformas digitales amplían sustancialmente el alcance y la influencia del marketing al tiempo que eluden el Código Internacional de Comercialización de Sustitutos de la Leche Materna.

El trabajo, realizado por investigadores de nueve países de cuatro continentes, resalta que «las estrategias de marketing de CMF distorsionan sistemáticamente la ciencia, capturan a quienes proveen atención médica, madres y padres, alteran la opinión pública e influyen en  responsables políticos. A través de estas prácticas divisivas, la comercialización de CMF afecta los derechos humanos de las mujeres, los niños y las niñas, perjudica su salud y afecta negativamente a la sociedad».

Recuerda que, aunque la CMF es un producto que sirve para algunas familias, no se acerca a la leche materna en términos de composición, propiedades inmunes y contribución a la salud y el desarrollo.

La investigación es muy dura respecto al accionar de las compañías. Da cuenta de cómo imponen sus productos por sobre la salud de las infancias, cómo vulneran las regulaciones existentes y cómo interfieren en las políticas gubernamentales (mediante lobby, patrocinio y filantropía corporativa) que debieran proteger los derechos de la población.

Resalta la necesidad de «compromiso político de alto nivel», mayor inversión financiera y apoyo concertado a la sociedad civil: «Se necesitan intervenciones estructurales y políticas en todos los entornos para permitir, empoderar y apoyar a las mujeres y las familias. El éxito de la lactancia materna es una responsabilidad colectiva que depende de políticas multifacéticas y respuestas sociales».

Exige como derecho que la información sobre la alimentación de lactantes e infancias esté libre de influencia comercial y reafirma: «El proceso humano vital de alimentar a los bebés y niños pequeños debería estar fuera de los límites de la comercialización comercial».

¿Primero la salud o los negocios?

«Para proteger las ganancias corporativas y asegurar que el crecimiento continúe, la industria de los ultraprocesados implementa un conjunto de estrategias políticas de refuerzo destinadas a contrarrestar la oposición y bloquear, debilitar o retrasar la regulación gubernamental», alerta la publicación de noviembre de 2025 en The Lancet y recuerda que, las grandes empresas alimenticias, siguen los manuales de las industrias del tabaco, del alcohol y de los combustibles fósiles, «todas actividades que concentran ganancias en pocas manos y tienen amplias consecuencias negativas para la mayor parte de la población mundial».

El paper detalla que el volumen de ventas de las empresas de ultraprocesados alcanza los 1,9 billones de dólares anuales y permite que las compañías tengan enormes recursos económicos para imponer sus prácticas: “Este cambio en la alimentación se ve impulsado por poderosas corporaciones globales que generan enormes ganancias al priorizar los productos ultraprocesados, con el apoyo de un intenso marketing y un fuerte lobby político para frenar políticas de salud pública eficaces que promuevan una alimentación saludable”.

La publicidad de las corporaciones de alimentos no es un problema nuevo. Ya en 2010, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó por unanimidad el Conjunto de recomendaciones sobre la promoción de alimentos y bebidas no alcohólicas dirigida a los niños de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Allí se destacan doce puntos imprescindibles de tener en cuenta.

«La finalidad de las políticas debe ser reducir el impacto que tiene sobre los niños la promoción de alimentos ricos en grasas saturadas, ácidos grasos de tipo trans, azúcares libres o sal (…).  El objetivo general de las políticas debe ser reducir tanto la exposición de los niños como el poder de la promoción de los alimentos ricos en grasas saturadas, ácidos grasos de tipo trans, azúcares libres o sal», señala la OMS.

Las doce recomendaciones urgen a los Estados a reducir el impacto de la publicidad de alimentos procesados y ultra procesados y bebidas no-alcohólicos, y fueron reforzadas en la Comisión para acabar con la obesidad infantil, el Plan Global para la Prevención y Control de Enfermedades no transmisibles (ENT) 2013-2020, y en el Plan de Acción para la Prevención de la obesidad en la niñez y la adolescencia 2014-2019 de la Organización Panamericana de la Salud. «La publicidad de alimentos y bebidas ultraprocesados y procesados fomenta el consumo excesivo de energía, azúcares, grasas, grasas saturadas, grasas trans y sodio que favorece el aumento de peso poco saludable, especialmente en las primeras etapas de la vida, el sobrepeso infantil, la obesidad y las ENT relacionadas con la alimentación», alertó la OMS.

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