Proteger los territorios indígenas también es proteger la salud

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Tierra, agua, alimentación y cultura están profundamente relacionadas con la salud de los pueblos indígenas de Brasil. La pérdida de los territorios tradicionales ha transformado sus formas de vida y ha generado importantes consecuencias para su bienestar.

Brasil es un país de dimensiones continentales, marcado por una gran diversidad de pueblos, culturas, religiones y formas de vida. Según el Censo Demográfico de 2022, en el país viven casi 1,7 millones de indígenas, equivalentes al 0,8 % de la población brasileña. Son 391 pueblos indígenas y 295 lenguas, que expresan diferentes culturas, conocimientos y formas de organización social.

Desde la llegada de los portugueses en 1500, los pueblos indígenas han enfrentado distintas formas de violencia, como asesinatos, prejuicios, expulsiones y pérdida de sus territorios tradicionales. Al mismo tiempo, han preservado importantes conocimientos sobre la naturaleza, las plantas, los alimentos y el cuidado de la salud. Tradicionalmente, la caza, la pesca, los cultivos, los ríos y los bosques no representan únicamente fuentes de alimento, sino que forman parte de la cultura, de la vida comunitaria y de la relación de estos pueblos con sus territorios.

Con la ocupación de las tierras y la expansión de las actividades económicas, muchos pueblos indígenas perdieron una parte importante de sus territorios, lo que provocó profundas transformaciones en sus formas de vida. En Mato Grosso do Sul, estado que en 2022 tenía la tercera mayor población indígena de Brasil, este proceso afectó especialmente a los pueblos Guaraní y Kaiowá. Entre 1915 y 1928, el Estado brasileño creó ocho pequeñas reservas indígenas, retirando a numerosas familias de sus territorios tradicionales, conocidos como tekoha, y trasladándolas a estos espacios.

El confinamiento en áreas reducidas, con frecuencia alejadas de los ríos y con bosques muy degradados, dificultó el mantenimiento de los cultivos, la caza, la pesca y otras prácticas tradicionales. Además, diferentes pueblos pasaron a compartir territorios limitados. A lo largo de las décadas, estos cambios transformaron la organización social, la alimentación y las condiciones de vida de las comunidades.

Las consecuencias para la salud fueron graves. A comienzos de la década de 2000, la mortalidad infantil indígena en la región atendida por el Polo Base de Dourados llegó a 146 muertes por cada mil nacidos vivos. En ese mismo período, la tasa en Mato Grosso do Sul era de aproximadamente 23 muertes por cada mil nacidos vivos. Esta diferencia puso de manifiesto la necesidad de ampliar las acciones de salud en estos territorios.

En los años siguientes se implementaron medidas como la distribución de canastas de alimentos, la ampliación de los equipos de salud indígena, el aumento de la cobertura de vacunación y la mejora del acceso a los servicios de salud y educación. A pesar de los avances, persisten desafíos relacionados con el saneamiento básico, entre ellos el acceso irregular al agua potable y la insuficiencia de los servicios de recolección de residuos.

La alimentación también cambió. Los alimentos que antes se obtenían tradicionalmente comenzaron a compartir espacio con productos adquiridos en los mercados. Entre ellos se encuentran los «alimentos» ultraprocesados, elaborados a partir de sustancias derivadas de alimentos y diversos aditivos químicos, generalmente con una presencia reducida de ingredientes naturales. Refrescos, galletas rellenas, aperitivos, dulces, fideos instantáneos y bebidas en polvo son ejemplos cada vez más presentes en la alimentación infantil y adulta, incluso en comunidades indígenas.

Paralelamente a estos cambios en la alimentación, adquirieron importancia nuevos problemas de salud. Una investigación realizada en Mato Grosso do Sul encontró exceso de peso, incluido sobrepeso y obesidad, en el 64,2 % de las mujeres indígenas evaluadas. Situaciones similares fueron observadas en otros territorios, como el Territorio Indígena del Xingu, donde también se identificaron cambios en el perfil nutricional y metabólico de la población.

Estas transformaciones muestran que hablar de salud indígena también significa hablar de tierra, agua, alimentación, cultura y condiciones dignas de vida. La salud no depende únicamente de medicamentos, hospitales o centros de atención. Para muchos pueblos indígenas, está directamente relacionada con la posibilidad de cultivar, pescar, desplazarse por su territorio, mantener sus tradiciones, enseñar a las nuevas generaciones y vivir de acuerdo con sus propias formas de organización.

Por eso, la demarcación y la protección de los territorios indígenas constituyen algunas de las principales formas de promover la salud. Garantizar tierras suficientes y protegidas significa crear las condiciones para fortalecer los cultivos, preservar las aguas y los bosques, producir alimentos y transmitir conocimientos a las próximas generaciones.

Cuando se protege un territorio indígena, no se protege solamente un pedazo de tierra, sino también historias, culturas, conocimientos, familias y perspectivas de futuro. Cuidar los territorios es, por lo tanto, cuidar la salud, la dignidad y la continuidad de estos pueblos, así como sus propias formas de cuidar la vida y el planeta.

Nota

[1] El término alimentos ultraprocesados fue creado en Brasil en 2014 por un grupo de investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) y publicado en la Guía Alimentaria para la Población Brasileña por el Ministerio de Salud, siendo utilizado como referencia en diversos países. Acceso a la Guía Alimentaria: Guía Alimentaria para la Población Brasileña.

[2] Todos los datos presentados en este articulo de opinión vienen de las siguientes fuentes:

– Datos del Censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), 2022.

– Fernandes, T. et al. La salud en la Reserva Indígena de Dourados: historia, luchas y (re)existencias. En: Mota JGB, Cavalcante TLV, editores. Reserva Indígena de Dourados: historias y desafíos contemporáneos. São Leopoldo: Karywa; 2019. p. 185–202.

– Datos del informe final de investigación (en prensa): Pícoli et al. Cohorte de nacimientos indígenas: salud y nutrición de mujeres y niños en el primer año de vida en Mato Grosso do Sul – Fase 2, Fiocruz Mato Grosso do Sul. São Carlos, 2026.

-Rodrigues, D. A. et al. Territorio Indígena del Xingu: perfil nutricional y metabólico de indígenas evaluados entre los años 2017 y 2019. Ciência & Saúde Coletiva, v. 29, n. 12, 2024.

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