La Educación Alimentaria y Nutricional (EAN) es un factor clave para que las infancias conozcan desde temprana edad la importancia de las dietas saludables y, al mismo tiempo, la toma de conciencia sobre los sistemas alimentarios, sus impactos y las alternativas a las que ofrece el mercado. Décadas atrás era una rareza en las escuelas y familias, pero desde hace años existen avances en numerosos países. Un muestra de ellos es lo que sucede en Brasil, México y Panamá.
La Milpa es el sistema ancestral de cultivo de diversos territorios de América, basado en la siembra conjunta de maíz, frijol y calabaza, donde cada especie contribuye al crecimiento de las demás, genera equilibrio y sostenibilidad. La imagen de esa práctica histórica sirvió de metáfora para el espíritu del webinar: «Educación Alimentaria y Nutricional en las Américas», una siembra colectiva de saberes, experiencias y estrategias para una alimentación saludable en el continente.
«Qué colocamos en nuestro plato puede definir el futuro de la humanidad»
El Instituto Comida y Cultura de Brasil actúa en la intersección entre la educación y el derecho humano a la alimentación adecuada y saludable, promueve la formación de educadores y la concientización sobre los sistemas alimentarios y sus impactos en la salud, la sociedad y el ambiente.
Erika Fischer es cofundadora de la institución y coordina el área de alimentación escolar. Aclara desde el inicio que la promoción de la educación alimentaria tiene directa relación con la promoción de otros derechos, no está centrado solo en un eje nutricionista sino en un «propósito sistémico porque la educación alimentaria tiene relación con lo que pasa en el contexto, en el planeta».
En Brasil, las políticas públicas referidas a la educación alimentaria vienen desde hace décadas, amparadas especialmente en el Programa de Alimentación Escolar, y tuvieron un momento importante en 2009, con la Ley 11.947, que incluye las compras de alimentos a la agricultura familiar.
«Se fijan criterios de sustentabilidad, privilegia aspectos territoriales, se tiene muy presente a las mujeres, a las organizaciones indígenas, y no solo se fija en el precio de los alimentos«, aclaró y destacó: «El derecho humano a la alimentación adecuada en una política, y es un orgullo que así sea porque también es producto de una construcción social».
Señala que la educación alimentaria y nutricional es una disciplina que atraviesa a diversos sectores, no es exclusiva de los profesionales de la salud porque se debe involucrar a todos los actores responsables de las infancias.
«Qué colocamos en nuestro plato puede definir el futuro de la humanidad, y la educación alimentaria es el primer paso», se lee en la presentación y alerta sobre el contexto de pandemias de desnutrición y obesidad, en un planeta con crisis climática.
El Instituto de Comida y Cultura fue creado hace cinco años para, entre otros objetivos, ampliar la conciencia respecto al derecho a la alimentación, dejar en claro que no se trata de algo individual, sino de un aspecto central de la sociedad, y debe ser trabajado desde la educación. Proponen ver la alimentación de forma sistémica, con modelos alimentarios justos y saludables. Entre los ejes de trabajo sobresalen la educación, formación de educadores, actividades de incidencia en políticas públicas y comunicación, mediante diversas narrativas (redes sociales, entre otros), para el impacto sociocultural. No apuntan solo a los profesionales de la salud y la educación, sino a todos los vinculados con el desarrollo de la infancia, desde familias hasta las cocineras escolares e incluso los porteros que abren las escuelas.
Ariela Doctors también forma parte del Instituto y de la Universidad de San Pablo, es especialista en educación. Señala que trabajan en base a una perspectiva decolonial e interdisciplinaria, que conecta el alimento con múltiples dimensiones de la salud, la memoria, los afectos y la diversidad territorial, donde apuntan tanto a los profesores y estudiantes, como a las cocineras, siempre desde una educación antirracista.
«Contrariamente a los que se cree, la cocina sí es un lugar para las infancias, es un espacio educativo, siempre con un adulto responsable», aclaró. Las premisas sobre las que se apoya el trabajo son la Guía Alimentaria de Brasil, el Estatuto del Niño y la la Adolescencia, los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas y los lineamientos curriculares de cada Estado del país.
Brindan jornadas pedagógicas donde es narra la historia evolutiva de la alimentación humana y la formación culinaria de Brasil, desde donde abordan las los aspectos sociales, económicos, ambientales y culturales de cada territorio. La propuesta incluye que los estudiantes preparen un producto (desde artículos informativos hasta podcast) que ayuden a la reflexión alimentaria. Ya llevan más de 1000 intervenciones pedagógicas, se llegó a más de 2500 profesionales y 200 mil niños, niñas y adolescentes. «Es una gran milpa», resumió Ariela Doctors.
«Recuperar la riqueza alimentaria de los pueblos»
El Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) es un espacio de articulación, desde hace más de una década, entre investigación académica y propuestas de modelos de intervención en las escuelas que ponen como eje central a la EAN y su capacidad para impulsar la formación profesional, así como también fortalecer la política pública existente en alimentación y nutrición en la infancia.
La presentación estuvo a cargo de Jhazmín Hernández Cabrera, profesora de la UAEH y colaboradora del Cuerpo Académico de Epidemiología Nutricional. Inició su exposición con una imagen histórica de la revolución mexicana (1910), donde se ve a las mujeres en un rol protagónico de proveer alimentos. «Se les llamaba ‘las adelitas’, eran las encargadas de gestionar la alimentación. Han pasado más de cien años y aún las mujeres seguimos siendo fundamentales en el cuidado de las infancias y en la luchar por la alimentación de la sociedad», afirmó.
En otra foto se ve a una mujer indígena amamantando. En la presentación se comparte una canción de cuna que recuerda el rol de las mujeres en la provisión de alimentos desde la más temprana edad. Con ese disparador, afirma que la EAN es «una oportunidad» para trabajar con la comunidad escolar, entenderlo como un proceso y recuperar la riqueza alimentaria de los pueblos. Aclara que abordar la alimentación en la escuela debe ser un modelo social y sistémico, entendiendo el derecho nutricional como parte del modelo educativo. Y precisa que en México hay materias específicas al respecto.
Desde el Instituto buscan elementos de formación basado en la metodología de participación-acción, que aborda tanto lo colectivo como lo individual. Se trabaja en las escuelas en el conocer qué pasa, problematizar con la comunidad y luego precisar las metodologías y contextualizarlas.
Se trata de una sinergia pedagógica, un proyecto formativo, donde se trabaja un tema como un bloque, por ejemplo la obesidad infantil, y ahí se revisa las asignaturas –desde historia hasta geografía o matemática– para problematizar en torno a ese bloque temático desde múltiples aristas.
Hernández Cabrera explicó que en México no hay cocinas en las escuelas, sino pequeños kioscos, con los cuales se trabaja para que tengan en enfoque de alimentación saludable como derecho.
«Este proyecto nació de las necesidad contextual de México de una obesidad infantil creciente», recuerda. Se buscó tener una medición precisa de lo que estaba pasando y trabajar en una estrategia nacional de vida saludable, una política pública que aborde la problemática.
En ese camino, crearon el Observatorio de Ambientes Alimentarios Escolares, como herramienta para las estrategias de incidencia y de investigación ciudadana participativa. Entre los resultados de estos años destaca: lograron mayor reconocimiento de los docentes en el ambiente alimentario escolar, los mismos maestros y maestras reconocen más el valor de la educación alimentaria, y se logró mayor articulación entre docentes y familias.
Los cursos que brindan tienen cuatro unidades: modelo ecosocial, experiencia personal, fortalecimiento docente y mejorar la práctica aúlica. «Los docentes se han fortalecido para impulsar acciones alimentarias», afirma, pero también señala retos y reconoce que, por el propio modelo educativo mexicano, muchos docentes lo pueden ver como una carga. También señala que hay retos administrativos y burocráticos, de infraestructura, de horarios y de diversidad de apego a las capacitaciones docentes. A pesar de eso, es optimista: «La Educación Alimentaria Nutricional no es estática, es un proceso, y es ahora».
«Con cuánto dinero cuento para pensar la alimentación»
Eredina Castro es parte del Movimiento Alimentación Saludable de Panamá, espacio que, señala, ha tenido injerencia en las normativas para lograr que la población pueda obtener buena formación al momento de optar por sus alimentos. Detalla como clave el trabajo colaborativo, tanto con organizaciones locales como internacionales, por ejemplo en el abordaje y las campañas críticas sobre los productos ultraprocesados y en favor de la alimentación saludable.
Trabajaron junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud de Panamá respecto a normativas para disminuir el consumo de sodio, de ultraprocesados y las causas de las Enfermedades Crónicas no Transmisibles. Desde el Movimiento realizaron talleres, charlas y campañas, con especial énfasis en espacios formativos. Entre los logros recientes destaca la recolección de más de 15.000 firmas para un proyecto de ley que aborda el etiquetado frontal de productos ultraprocesados. Ha nivel local, sus mayores articulación son con la sociedad civil, en especial como pueblos indígenas y organizaciones de jóvenes.
Señala como central el trabajo comunitario y educativo. Y explica que en Panamá existe una materia en las escuelas llamada «Ciencias de la familia y el desarrollo», que es el espacio por donde docentes y organizaciones abordan la EAN.
«No es solo brindar contenidos, sino también ver la forma articulada de todo lo que impacta en la alimentación. No solo conocer los productos sino el manejo de los recursos disponibles de las familias para una alimentación adecuada. Es imprescindible saber con cuánto dinero cuento para pensar la alimentación», remarcó.
En estos años han trabajado tanto en talleres y ferias educativas, como en espacios por fuera de los establecimientos escolares, tanto con profesores como con padres y alumnado. Uno de sus logros también fue trabajar en huertos escolares, donde es vital el rol de los y las estudiantes. «Necesitamos que esta asignatura tenga más tiempo en las escuelas», reconoció. Mientras, afirmó que la tarea es fortalecer lo existente y construir políticas públicas que lleguen a los estudiantes, tanto adentro como afuera de las escuelas.
El webinar fue realizado en el marco de la red Colansa (Comunidad de Práctica Latinoamérica y Caribe Nutrición y Salud) y se puede acceder al registro completo en este link.








