Como en la forma de vestir, en la música o en los peinados, también se instalan «modas» o tendencias en la alimentación y su cuantificación. Años atrás fueron las calorías, luego los gramos de grasa o hidratos de carbono y, desde hace un tiempo, se instaló el tema de las proteínas. En la góndola del supermercado sobresalen los envoltorios con letras destacadas: «Rico en proteínas», «proteínas añadidas», «más proteínas». Entre el relato publicitario, el negocio y los impactos en la salud.
¿Qué son?
Las proteínas son un nutriente esencial para el funcionamiento del organismo. Proporcionan la energía necesaria para diversas funciones, como la formación de tejidos, músculos y hormonas; ayudan al fortalecimiento de los huesos y de la piel, reparan las células dañadas y forman parte del sistema inmune.
Cómo explica la nutricionista Kathia Larissa Quevedo Torres, colaboradora del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto de Salud Pública de México, las proteínas participan prácticamente en todos los procesos biológicos. Algunas de ellas regulan procesos hormonales, otras transportan nutrimentos o forman parte del sistema inmune.
El consumo de proteínas es fundamental para la salud, pero desde hace años la industria instaló –vía enormes campañas de publicidad– la supuesta necesidad de productos procesados con alto contenido de proteínas, desde galletitas a yogures, barras de cereales, helados, panes y bebidas.
«No son saludables»
«Alimentos procesados con alto contenido en proteínas: impacto en la dieta, el estado nutricional y posibles efectos en la salud», es el título de la publicación científica que estudió 36 productos alimenticios procesados, desde lácteos (yogures, batidos, helados, mouses y leche), gelatinas, barra energéticas, aperitivos (patatas fritas, magdalenas y galletas), cereales para el desayuno, pan, tortillas de trigo y masa para pizza. Con encuestas a 139 personas (residentes de España).
La investigación confirma la existencia de «una moda» de consumir estos productos, donde el sector empresario comenzó a ofrecerlos de forma masiva, cuando antes se encontraban solo en tiendas especializadas, generalmente asociadas con la práctica deportiva.
Los resultados de la encuesta destacan la popularidad de los productos con agregado proteico, consumidos por el 75 % de los consultados. Casi la totalidad declaró no controlar la frecuencia de su consumo y explicaron que los consumen para aumentar la masa muscular, mejor su rendimiento o, simplemente, porque los consideran «saludables».
«Sin embargo, esto contradice la evidencia científica, ya que el análisis del impacto de estos productos en la dieta muestra cómo esta práctica puede llevar a una alta ingesta de proteínas, aumentando aún más el riesgo de desarrollar los efectos adversos asociados con el consumo excesivo de este macronutriente», señalan los investigadores.
La investigación es tajante: «La gran cantidad de afirmaciones nutricionales que hacen estos productos sugiere que estas declaraciones se han convertido más en una estrategia de marketing que en una vía para mejorar la salud y las decisiones de las personas».
Señala que existen numerosos estudios que advierten que el exceso de proteínas podría tener efectos adversos y aumentar este riesgo a largo plazo: «El aumento del consumo de proteínas puede provocar un desequilibrio en la dieta, con posibles repercusiones negativas para la salud». Precisan en problemas digestivos e incluso sobrecarga renal.
Los investigadores destacan que es muy importante advertir a los consumidores sobre el exceso de estos productos, solicitan que las autoridades regulen su venta masiva y que incluyan información sobre quiénes pueden consumirlos, y también hacen un llamado a los profesionales de la salud para que informen correctamente sobre estos productos.
«Los alimentos procesados con agregado proteico distribuidos en supermercados y tiendas online permitieron identificar un riesgo significativo para el equilibrio de la dieta y la salud de los consumidores», finaliza el trabajo, firmado como primera autora por Rosa Ortega, de Departamento de Nutrición y Ciencias de los Alimentos de la Universidad Complutense de Madrid.
Otro paper científico, también de España, da un paso más desde el título: ¿Son saludables los alimentos con agregado de proteínas? Señala desde el inicio que hay dos sectores que pueden requerir este tipo de productos, los deportistas y las personas mayores «por la alta incidencia de anorexia que se da especialmente en personas institucionalizadas (residentes en centros geriátricos)».
El trabajo utilizó la Base de Datos Española de Alimentos y tomaron 4325 alimentos procesados de doce tipos diferentes. El trece por ciento de la muestra contenía aditivos de proteínas. «La salud de los alimentos se evaluó utilizando el modelo de Perfil de Nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud y el 90,8 % se clasificaron como ‘menos saludables’. Y el el 50 % fueron altos en grasa o altos en sodio», alerta el trabajo, en encabezado por Marta Beltrá, del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche (provincia de Alicante).
En la conclusión, no duda: «Los alimentos (con agregado de proteínas) no son saludables, y su consumo plantea un riesgo adicional para la salud. Esto es particularmente grave porque los consumidores a menudo no son conscientes de este riesgo y, en cambio, perciben estos alimentos como saludables».
Dietas variadas, equilibradas y naturales
Si se lleva una alimentación saludable, variada y equilibrada es muy probable que se cubra correctamente la cantidad de proteína necesaria para el buen funcionamiento del organismo. La clave no está en consumir más proteínas porque está de moda, sino en alcanzar la cantidad adecuada dentro de una alimentación equilibrada. En ese sentido, la clave es priorizar alimentos frescos y locales, entre ellos carnes magras, pescados, huevos, lácteos, legumbres y frutos secos.
Por otro lado, antes de comprar productos procesados con agregado de proteínas es necesario saber si nuestro organismo necesita más proteínas. Segundo paso, confirmar que esos productos no contenga exceso de azúcares, grasas o sodio. Por último, tener claro que ningún producto con la leyenda “alto en proteína” (como como ningún ingrediente/nutrimento/sustancia de moda) es sinónimo de alimento saludable. Es bien conocido: una cosa es la publicidad y otra muy distinta la realidad.










