Día de la Ciencia Digna: 16 de junio, en homenaje a Andrés Carrasco y la investigación con compromiso social

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«¿Ciencia para qué y para quién?«,  solía preguntar Andrés Carrasco, reconocido académico de Argentina, autor de una investigación que provocó un quiebre en la discusión sobre los agrotóxicos en el país: confirmó que el herbicida glifosato, pilar de la agricultura industrial, producía malformaciones en embriones anfibios.

Por su trabajo, y por alzar la vos, fue perseguido por el poder político, las corporaciones y los grandes medios de comunicación.

En su honor se conmemora en Cono Sur el «Día de la Ciencia Digna«.

Carrasco, nacido el 16 de junio de 1946, fue maestro, médico, becario doctoral,
investigador, doctor y llegó a lo alto de la ciencia de su país: presidente del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el mayor ámbito de ciencia de Argentina. Había realizado descubrimientos en embriología (genes Hox), y formaba parte del establishment científico del país.

Imagen de Andrés Carrasco
Andrés Carrasco. Foto: Nicolas-Pousthomis / TierraViva

En 2009 se conmovió por el padecer y la lucha de las Madres del Barrio Ituzaingó Anexo (mujeres que salieron a las calles como víctimas de los agrotóxicos en la provincia de Córdoba). Como jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y con toda una vida dedicada a la ciencia, hizo lo que sabía: investigó el efecto del herbicida glifosato, el más utilizado en el agronegocios a base de transgénicos, y confirmó que era letal en embriones anfibios, con consecuencias extrapolables a lo que producía en humanos.

«Además de hacer, hay que decir»

Y cometió un doble pecado: no sólo que investigó el impacto sanitario de la agricultura industrial, sino que también lo denunció en los grandes medios de comunicación . «Además de hacer, hay que decir», diría tiempo después en invitación a sus colegas científicos para que hablen.

El diario Página12 tituló en su tapa: «Un experimento masivo a cielo abierto» . Y provocó una oleada de apoyos de movimientos campesinos, pueblos indígenas y organizaciones socioambientales, que desde hacía décadas denunciaban el impacto de las fumigaciones con agrotóxicos y nunca habían contado con un apoyo semejante de la ciencia del país.

Sobrevivo también una campaña de difamación y persecución, que incluyó al ministro de Ciencia de Argentina (Lino Barañao) y al presiente del Conicet (Roberto Salvarezza), a los grandes medios de comunicación aliados del agronegocios (diarios Clarín y La Nación, entre otros) y a las grandes empresas transgénicas, nucleadas en la Cámara de Sanidad y Fertilizantes (Casafe).

Ya nada fue igual. Produjo un quiebre en la discusión pública respecto a un tema que es central en la economía de Argentina, con más de 30 millones de hectáreas con
transgénicos (y fumigadas). «No descubrí nada nuevo. Otros (investigadores) ya lo demostraron en laboratorio. Y sobre todo lo denuncian desde hace años las víctimas de este modelo», señalaba Carrasco.

Sufrió censura en medios de comunicación, persecución ideológica en el Conicet y hasta silenciamientos en su propia universidad (UBA), en las facultades de Medicina (donde no le permitieron presentar su investigación) y de Ciencias Exactas (donde no lo autorizaron a dar un seminario sobre ciencia).

Desde la otra vereda, contó con el apoyo de movimientos campesinos, pueblos indígenas, organizaciones socioambientales y científicos críticos. No dejó de recorrer los territorios asediados por los transgénicos, la megaminería y toda actividad contaminante. Su último viaje fue a México, a los espacios de formación del zapatismo, donde no fue como «docente», sino como alumno, para aprender con ellos.

Semillas para el conocimiento colectivo

Carrasco comenzó a vincularse con colegas científicos de diversos países, muchos de ellos de Latinoamérica. Y era un convencido de que había que juntarse y construir colectivamente. Fue el motor de lo que, ya luego de su fallecimiento (en mayo de 2014) nacería como la Unión de Científicos Comprometidos con Sociedad y la Naturaleza de América Latina (Uccsnal), organización conformada por investigadores de una decena de países, desde México hasta la Patagonia.

La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (Uccsnal) se conformó en junio de 2015. Es un espacio de encuentro, reflexión e intervención para fortalecer una ciencia al servicio de los pueblos. En ese marco, se
constituyó cada 16 de junio (cumpleaños de Carrasco) como «El Día de la Ciencia Digna», en honor a los académicos que trabajan junto a las organizaciones sociales y priorizan los territorios y lo social, por contraposición a los que se desempeñan para el mercado o que solo privilegian sus papers científicos.

Es imprescindible que todo proceso de generación y aplicación de tecnologías en la sociedad sea convalidado por la licencia social y ambiental correspondiente.

La Unión de Científicos cuestiona el ideario de que la ciencia pareciera tener la verdad y es la que salda las controversias. Aclaran que el conocimiento científico es un saber más, ni mejor ni peor que otros conocimientos (campesinos, indígenas, sociales). Hablan de una “ecología de saberes”, donde confluyen y se complementan de forma horizontal distintos conocimientos.

La Uccsnal destaca que América Latina experimenta una nueva “etapa de saqueo”, en la cual la ciencia juega un papel central en la investigación y justificación de actividades “que afectan la salud de madre tierra y nuestra salud, que son en realidad lo mismo, una sola cosa”. Cuestionó el rol de científicos al servicio de la minería a cielo abierto, el fracking, la pesca intensiva, el monocultivo forestal, transgénicos y agrotóxicos, entre otros.

Revista Uccsnal

La organización edita cada año la Revista Ciencia Digna , un espacio para la  publicación y visibilización del trabajo de quienes, a lo largo y ancho del continente, construyen conocimientos desde paradigmas que ponen en crisis las estructuras de los modelos extractivistas.

“Es imprescindible que todo proceso de generación y aplicación de tecnologías en la sociedad sea convalidado por la licencia social y ambiental correspondiente, fruto de legítimos procesos participativos que tengan como eje el respeto por las culturas, los territorios, los mecanismos de decisión y los sistemas sociales locales”, destaca la Uccsnal en su página web, como cita textual de un escrito de Andrés Carrasco.

Este 16 de junio habrá homenajes en distintos lugares de Cono Sur, en especial en las ciudades de Rosario, por parte del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, lugar de referencia de discípulos del Carrasco. Y también en la ciudad de Río Cuarto, provincia de Córdoba (centro geográfico de Argentina) por parte de la Universidad local, donde fueron esparcidas sus cenizas.

Paradojas del destino: ambas ciudades, epicentros del modelo transgénico, celebraran la vida de Carrasco y la construcción de la ciencia digna.

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