Nutrición, vida y espiritualidad de la lactancia materna en las comunidades originarias

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Alrededor de la lactancia se articula un ecosistema de rituales de preparación, promoción, prevención y cuidado que conectan al ser humano con su entorno, representando un sistema de conocimientos milenarios

Más allá de entenderla como el primer alimento que recibimos al nacer, la lactancia materna dentro de los pueblos originarios de América Latina constituye una práctica de transmisión cultural y parte del tejido comunitario y espiritual. 

A partir del testimonio de María Chalcan Nahuel Aigo (Pueblo Mapuche, Argentina) e investigaciones interdisciplinarias en comunidades Nasa (Colombia) y Tutunakú (México), Saludable Saberlo explora el ambito sociocultural de la lactancia en nuestros pueblos originarios y sus interacciones con el sistema de salud. 

Más allá de los nutrientes

La lactancia materna es abordada desde los cuidados médicos y las políticas públicas en términos de su importancia nutricional, su función en la prevención de enfermedades y de bienestar psicológico para la madre y su bebé. Esta visión es ampliada a partir de la cosmovisión de las comunidades originarias, donde también se posiciona a partir del plano del espíritu y la tradición.

En palabras de María Chalcan Nahuel Aigo, docente, investigadora y comunicadora del pueblo Mapuche (Neuquén, Argentina), la lactancia es la consolidación de un lazo entre la madre y su criatura.

«Principalmente creo que más allá de ser alimento es el vínculo continúo. Así como te escuchaba mientras estaba adentro de la panza, te sigue escuchando a través de ese vínculo más continuo al estar con tu bebé amamantando y haciendo distintas actividades». 

Esta comprensión como continuidad de la vida intrauterina es compartida por el pueblo Nasa en el resguardo de Juan Tama (Huila, Colombia). De acuerdo con el estudio “Prácticas ancestrales de lactancia materna en el territorio indígena nasa de Juan Tama – Huila, Colombia”, publicado en 2025, los pueblos indígenas conciben la leche materna como una manifestación sagrada poseedora de vida, donde la primera succión al nacer equilibra y armoniza su cuerpo con la energía de la naturaleza y de su comunidad. 

Ritos y sacralidad

Este estudio también apunta que alrededor de la lactancia se articula un ecosistema de rituales de preparación, promoción, prevención y cuidado que conectan al ser humano con su entorno, representando un sistema de conocimientos milenarios.

Para el pueblo Mapuche, el nacimiento y el inicio de la lactancia están ligados a la placenta y el cordón umbilical, elementos que devuelven la vida a la tierra. María Nahuel Aigo explica la práctica tradicional de sembrar la placenta y colocar el ombligo en las alturas. 

María Chalcan Nahuel Aigo con su primer hijo, Lemun.

«Nosotras la (placenta) ponemos en la tierra porque es vida y es una parte importante para la formación espiritual de los niños, de las infancias. Se planta y arriba se le pone una planta, se le pone un árbol, a elección. Es como que la vida de esa persona, además, se proyecta en esa planta, en ese árbol»

«Y el cordón se suele poner en una parte alta de un árbol que vos tengas en tu casa, en tu espacio, donde vivas, para que esa persona no tenga vértigo. Pero eso tiene que ver con un conocimiento de prácticas antiguas, porque acá donde yo vivo, en la zona donde vivo, hay pehuén que son como unos árboles milenarios que tienen un fruto que se llama piñón. Antiguamente la gente ha sobrevivido, inclusive en tiempos de hambruna, con ese fruto, y para recolectarlo muchas veces hay que treparse. Es como sentir que si tu ombligo estuvo en un alto, entonces no vas a tener vértigo cada vez que te vas a subir, a cosechar ese fruto». 

De manera análoga, en el pueblo Nasa se realizan prácticas como el Cateo (Atxah) —consulta espiritual a los sabedores ancestrales—, el Pagamento (kakamenxi mecxa sajinxi) —ofrendas de agradecimiento a los espíritus de la tierra, el viento y el agua— y la Armonización (dxi’jas phewunxij), indispensables para garantizar la abundancia y la calidad de la leche materna. 

Además, la dieta materna durante el puerperio y la lactancia se estructura en torno a la dualidad «frío-caliente». Para favorecer la bajada de la leche, detalla María Nahuel Aigo las mujeres mapuches consumen alimentos tradicionales como el ñaco (harina de cereal tostado), huevo y el muday o muchai (bebida nutritiva a base de piñón del pehuén). 

De igual forma, en la cultura Nasa, la preparación para amamantar se inicia durante la gestación mediante la siembra en el tul (huerta casera) de alimentos de naturaleza «caliente» (plátano, maíz, zapallo, papa guata) y el tejido de la jigra (mochila) y el chumbe (listón protector). A estas prácticas físicas y espirituales se les atribuye el acondicionamiento de las fibras mamarias y fortalecer el tono uterino de la madre. 

Lactancia extendida 

En las comunidades originarias rurales, la lactancia materna extendida (prolongada con frecuencia más allá de los 2, 3 o 5 años) no constituye una excepción ni se relaciona con la escasez de recursos económicos, sino que responde a una norma cultural natural. 

«No está vinculado con la pobreza, sino más bien con un hábito, con una costumbre… de ver que es muy, muy valiosa la lactancia materna. En las zonas rurales, la gente mantiene su economía de subsistencia… no es por falta de alimentos», expresa María Nahuel Aigo. 

Sin embargo, esta práctica se encuentra erosionada debido a la inserción de las mujeres indígenas en el mercado laboral urbano y la estigmatización social en espacios públicos. 

Mientras que en el ámbito rural la mujer puede amamantar mientras desarrolla tareas agrícolas o comunitarias, en las ciudades los esquemas rígidos de empleo formal e informal impiden la continuidad de la lactancia. 

Como señala María Nahuel Aigo, las licencias por maternidad convencionales obligan a las mujeres a interrumpir la lactancia o a recurrir a licencias no remuneradas o bajas médicas psicológicas no deseadas para proteger la crianza de sus hijos. 

En comunidades como las del pueblo Tutunakú, en Puebla, México, se ha evidenciado que aunque el cien por ciento de las madres comienza la lactancia materna y la sostiene al menos durante los primeros 6 meses, se ha registrado un abandono de la lactancia materna exclusiva y de la lactancia prolongada recomendada por la OMS (hasta los 24 meses).

Retos actuales

De acuerdo a los hallazgos de la investigación en Puebla, México, la barrera lingüística constituye una de las razones para la interrupción de la lactancia. Apunta que al recibir atención médica en un idioma que no dominan (español), las mujeres indígenas experimentan confusión sobre la fisiología de la lactancia, el manejo del dolor y las indicaciones sobre fórmulas infantiles, las cuales son sugeridas imprudentemente por el propio personal de salud o familiares. 

Un tema que también contrasta la cosmovisión originaria con algunas prácticas médicas desactualizadas, y no recomendadas por organismos de salud, es la descalificación institucional y las prácticas intrusivas durante el parto y el puerperio. Las mujeres de comunidades originarias también suelen enfrentar en clínicas y hospitales un abordaje de la lactancia desde un control rígido y cronometrado que vulnera la tranquilidad de la madre y su bebé. 

María Nahuel Aigo rememora cómo el saber heredado de sus abuelas y de su madre le otorgó la seguridad para resistir la imposición injustificada de fórmulas infantiles y procedimientos invasivos durante el nacimiento de sus hijos e hijas.

«Yo con los dos casos tuve situaciones de tener que discutir. Primero con el nene por esto de que me querían dar la fórmula y después con la nena también pasó casi lo mismo – pero agrega – Siempre hay una tendencia a invadir… En mi caso, al tener una formación de parte de mi mamá… yo sabía que tenía que pelear nada más. Si me llegaba a pasar algo, tenía que discutirlo y punto».

Considera que lo más importante para mantener la lactancia es la educación, una que integre el respeto por las prácticas culturales acorde con bienestar de la madre y el infante, que contrarreste la visión vergonzosa que en ocasiones se proyecta en la lactancia y que refuerce políticas públicas con leyes protejan la lactancia para las madres trabajadoras. 

* Foto de portada: OPS

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