Las “dos caras” de la moneda de aditivos en ultraprocesados

Image

El doble estándar en aditivos permitidos en los ultraprocesados que se consumen en América Latina y el Caribe frente a otras regiones podría colocarnos en mayor riesgo ante enfermedades no transmisibles. 

Alrededor de los 188 millones de niños, niñas y adolescentes que viven en América Latina y el Caribe tienen un riesgo adicional que no enfrentan los casi 200 millones de viven en la Unión Europa: los posibles efectos de algunos aditivos sintéticos permitidos en la industria de los ultraprocesados en los países latinoamericanos y caribeños, pero restringidos o prohibidos en las naciones europeas, así como en Estados Unidos, Canadá y en países de otros continentes.

Este doble estándar pone en mayor riesgo a la población de la región de las Américas a las enfermedades no transmisibles, como el caso reciente Eritrosina (Rojo 3), aditivo utilizado en productos alimenticios ultraprocesados, cuyo uso fue prohibido en Estados Unidos a principios de este año 2025, y que es de uso restringido, con advertencia, en Europa.

Este aditivo, que se añade a dulces y golosinas con tonos rojos o rosados, cereales, galletas rellenas de fresa, glaseados y frutas en almíbar, ha sido señalado por estudios con una alta probabilidad de ser un cancerígeno, al provocar cáncer de tiroides en ratas en dosis muy altas. En Estados Unidos se ha dado un plazo a la industria hasta el 2027 para eliminarlo de sus productos y reformularlos. 

Otro caso emblemático y preocupante es la carragenina, un espesante derivado de algas utilizado en lácteos y fórmulas especiales, el cual ha sido puesto en cuestionamiento por su potencial de degradación con lo que podría causar irritación gastrointestinal, especialmente en el sistema digestivo de infantes lactantes. 

La carragenina ha sido prohibida estrictamente en todas las fórmulas lácteas para menores de 12 meses y en fórmulas de seguimiento en la Unión Europea y el Reino Unido, mientras su uso sigue estando permitido en muchas regulaciones en América Latina y el Caribe en ciertas categorías de fórmulas infantiles, especialmente aquellas diseñadas para la regurgitación o reflujo.

¿Por qué existe este doble estándar?

Las regulaciones sobre aditivos en América Latina y el Caribe a menudo siguen el modelo del Codex Alimentarius, lo que significa que un aditivo es considerado seguro si no hay pruebas concluyentes de lo contrario, además de establecer una dosis máxima de uso específica. 

Sin embargo, las prohibiciones y regulaciones estrictas en Estados Unidos, la Unión Europea y otros países suelen basarse en el principio de precaución, por ejemplo, al retirar un aditivo ante una duda razonable, lo que genera estas disparidades.

Esta situación se ha convertido en un espacio de manejo conveniente para la industria de ultraprocesados. En la región de las Américas, la adopción de las etiquetas de advertencia frente a algunos aditivos sintéticos usados en la Unión Europea ha sido limitada o nula. 

Esto permite a la industria mantener formulaciones más baratas y con colores más intensos en la región, mientras que el mismo producto se vende en Europa con aditivos de origen natural o no sintéticos, como el curcumina (amarillo) o el betanina (rojo de remolacha). 

La industria de los ultraprocesados tiene este mismo criterio para otros aditivitos, usando los más baratos o de mejor rendimiento técnico en países de América Latina -como el ciclamato, común en bebidas y productos light por su bajo costo y perfil de sabor, relacionado desde 1970 con cáncer de vejiga en animales-, y que han sido eliminados de las formulaciones de los mismos productos vendidos en Europa o Estados Unidos.

El riesgo de “las dos caras”

Este doble estándar hace que la industria de los ultraprocesados a menudo vendan productos con ingredientes que ya fueron descartados en sus mercados de origen debido a presiones regulatorias y la demanda de los consumidores por etiquetas más transparentes.

El principio de precaución es la razón por la que aditivos como el Butilhidroxianisol (BHA) y el Butilhidroxitolueno (BHT), aunque no están totalmente prohibidos, han sido eliminados voluntariamente por las grandes empresas en Europa y Japón, mientras que siguen siendo ingredientes comunes en muchos productos en América Latina.

Estudios realizados desde la década de 1980, particularmente en ratas y hámsteres a dosis muy altas, sugirieron una posible relación con el cáncer de esófago y estómago de estos aditivos. También existe la precaución ante la posibilidad de que actúen como disruptores endocrinos (interfiriendo con el sistema hormonal) o que tengan efectos adversos sobre la reproducción y el sistema nervioso.

El BHA y el BHT previenen la oxidación y la rancidez de las grasas y aceites, prolongando así la vida útil de los productos que los contienen y se utilizan especialmente en aquellos con alto contenido graso, como en aceites vegetales (canola, girasol, soya), manteca y margarinas, galletas, crackers, tortillas de harina y mezclas para pasteles, cereales para desayuno y snacks

Lo mismo pasa con un grupo de seis colorantes sintéticos, a menudo llamados «el coctel de Southampton», no están formalmente prohibidos en la Unión Europea, pero su uso obliga a llevar una advertencia en la etiqueta que ha impulsado a muchas empresas a eliminarlos ante posibles efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños. Países como Japón y Australia, que históricamente han sido más estrictos, han prohibido directamente varios de estos colorantes.

Estos colorantes son generalmente permitidos sin la advertencia obligatoria en la mayoría de los países de América Latina.

Luchas y exigencias en la región

Las organizaciones en defensa de los consumidores en países como México, Chile, Colombia y Perú han utilizado el debate sobre el Etiquetado Frontal de Advertencia para visibilizar el uso de aditivos controversiales.

El Poder del Consumidor, en México, ha documentado y presionado activamente para la prohibición de los colorantes azoicos (como la tartrazina y el rojo allura), señalando el «doble estándar» de su uso en productos dirigidos a niños en comparación con Europa, donde deben llevar una etiqueta de advertencia.

En el caso de Chile, aunque fue pionero en el etiquetado, la discusión continúa sobre si la normativa debe extenderse a prohibir directamente estos colorantes.

Scroll al inicio