Tres de cada cinco personas en Argentina bajaron el consumo de productos ultraprocesados por el hecho de contar sellos de advertencia y el 94% afirmó comprender qué implica esa información en los envases y paquetes. Así lo confirma un estudio reciente de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), en un contexto donde el gobierno de Javier Milei pretende derogar la Ley de Alimentación Saludable, legislación que fija la política de octógonos negros en los ultraprocesados. «El mayor nivel de información tiene efectos concretos sobre los hábitos de consumo», destaca la investigación.
«Investigación sobre consumo responsable, hábitos sustentables y capital social en Argentina 2025», es el título de la investigación, publicada en abril pasado por el Centro de Estudios de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Bueno Aires (Cenarsecs-UBA).
El relevamiento fue realizado entre el 12 de noviembre y el 12 de diciembre de 2025, abarcó a una muestra representativa de 1200 personas, de alcance nacional (en todas las provincias) y combinó encuestas presenciales con modalidad online. Al momento de la investigación, la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable (PAS – 27.642), conocida popularmente como «ley de etiquetado», llevaba solo cuatro años de aplicación.
Por ese motivo, la primera pregunta fue sobre el conocimiento de los sellos de advertencia (octógonos negros) en los envases de ultraprocesados y bebidas azucaradas. «Un abrumador 97% respondió afirmativamente, lo que muestra un conocimiento pleno de la población sobre la existencia de esta normativa», remarca el trabajo de la UBA.

Respecto a la comprensión del significado de estos sellos, nuevamente una mayoría absoluta (94,5%) respondió que sí, parcial o totalmente. Y el 75% lo comprende claramente. Otra pregunta fundamental fue si, a partir del etiquetado frontal con sellos de advertencia, realizaron algún cambio en su consumo de alimentos y bebidas. El 79% de la población respondió que sí realizó cambios en sus compras. «Este es un dato que resulta particularmente alentador, porque, a pesar de que la normativa de Argentina es menos estricta en materia de parámetros técnicos y criterios de definición de excesos, que las aplicadas en Chile o México, logró modificar de manera positiva el comportamiento de cuatro de cada cinco consumidores», señalan los investigadores.
El 23% respondió que, en algunos casos, inició una búsqueda de productos que no tengan sellos. También un 18% manifestó que está buscando productos con menos sellos y casi el 22% empezó a leer más detenidamente las etiquetas nutricionales. El cambio más reconocido fue la reducción del consumo de productos con sello, mencionado por el 31% de las personas consultadas. Y el 28% directamente dejó de consumir ciertos productos. El 23% respondió también que reemplazó productos ultraprocesados por opciones más saludables.
«El 61% de la población efectivamente bajó el consumo de alimentos o bebidas por contener sellos«
«En total, más del 52% de la población argentina redujo o dejó de consumir un producto por contener sellos octogonales de advertencia, y si a esto les sumamos a quienes reemplazaron productos ultraprocesados por opciones más saludables, en total el 61% de la población efectivamente bajó el consumo de alimentos o bebidas por contener sellos«, afirma la investigación y destaca: «Tres de cada cinco argentinos bajaron el consumo de alimentos o bebidas por el hecho de que cuentan con sellos de advertencia, a solo dos años de la implementación plena de la Ley de Alimentación Saludable«.
El análisis de las encuestas también determinó que, del 61% que redujo o dejó de consumir alimentos o bebidas por contener sellos de advertencia, por rango etario el resultado «notablemente homogéneo», lo que indica que el sistema de etiquetado frontal no solo ha tenido un efecto significativo en la población en general, sino que también ha logrado traspasar barreras generacionales.
«…el etiquetado frontal ha conseguido lo que pocas políticas públicas de consumo logran: convertirse en una señal transversal, comprensible y relevante para personas de todas las edades«
«Los datos reflejan un cambio cultural más amplio en la forma en que los consumidores evalúan los alimentos y sus impactos sobre la salud. Este hallazgo es especialmente relevante porque sugiere que el etiquetado frontal ha conseguido lo que pocas políticas públicas de consumo logran: convertirse en una señal transversal, comprensible y relevante para personas de todas las edades«, celebran los investigadores.
Afirma que este mecanismo de información nutricional actúa como un lenguaje común que permite reducir las asimetrías de información y facilita la toma de decisiones alimentarias más informadas en todos los grupos de edad. En otras palabras, subraya: «No estamos ante una herramienta que interpela solo a jóvenes informados o a adultos con patologías previas, sino frente a un lenguaje común, sencillo y directo, que atraviesa generaciones. Esto refuerza la idea de que los sellos octogonales cumplen eficazmente su objetivo principal: reducir asimetrías de información, independientemente de la edad del consumidor».
«El consumo deja de ser un acto meramente automático para convertirse en una decisión más reflexiva»
La investigación no tiene dudas: «Este mayor nivel de información tiene efectos concretos sobre los hábitos de consumo». Una población consumidora mejor informada ajusta efectivamente sus decisiones; compara alternativas, reconsidera marcas habituales, prioriza determinados atributos y resigna otros. «El consumo deja de ser un acto meramente automático para convertirse en una decisión más reflexiva, donde entran en juego criterios vinculados a la salud, el impacto social y ambiental y la coherencia entre valores y elecciones cotidianas. La información no actúa como un complemento accesorio, sino como un factor de cambio que reconfigura prácticas, independientemente de la edad del consumidor», destaca el trabajo, a cargo del investigador Julián D’Angelo.
Bajo ataque de Milei y de la empresas de ultraprocesados
El gobierno de Javier Milei anunció que derogará la Ley de Alimentación Saludable (27.642) vía Congreso Nacional. Esto motivó el rechazo unánime de los espacios de salud, científicos y sociales que trabajan en alimentación en Argentina. La normativa retoma las recomendaciones internacionales sobre etiquetado frontal y su relación con las Enfermedades Crónicas No Trasmisibles (ECNT) –como las cardiovasculares, la diabetes y algunos tipos de cáncer–, que son la principal causa de muerte en América Latina y que, en Argentina, provocan 140.000 muertes al año, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Estas enfermedades están estrechamente vinculadas a dietas poco saludables y al consumo elevado de productos ultraprocesados.
La investigación de la Universidad de Buenos Aires, publicado antes del anunció del gobierno del Milei contra el etiquetado, fue premonitorio respecto a la efectividad de la Ley y la respuesta de la industria. «Esto nos muestra las razones por las cuales el lobby de las empresas del sector logró que el gobierno nacional modificara la normativa en diciembre de 2024, a solo un año de haber sido implementada plenamente, flexibilizando ciertos criterios técnicos para su aplicación (…) Estas modificaciones implican una implementación más laxa y menos restrictiva respecto del esquema original», alerta.
La investigación de la Universidad de Buenos Aires se realizó en un contexto, remarcado en el mismo informe, en el que Argentina atraviesa una caída generalizada en las ventas minoristas, motivada principalmente por la pérdida de poder adquisitivo de la población consumidora.
El estudio da cuenta que se preguntó a las personas encuestadas si en los últimos tres meses habían reducido sus gastos personales o familiares por motivos económicos (menores ingresos, inflación, desempleo u otras dificultades económicas) y, en el total país, el 72% respondió que había reducido sus gastos (29% reducciones menores y un 43% significativas). Aún en ese contexto de crisis y menor consumo, la población tiene muy presente los sellos de advertencia sobre productos ultraprocesados y el impacto en la salud.








