«El mejor remedio es una buena alimentación», es un dicho que suele circular a modo de resumen para unir salud, prevención, alimentación y agro. En el contexto de la nueva Asamblea Mundial de la Salud, sobresale la gran evidencia que confirma las consecuencias de la agricultura industrial –en base a pesticidas– y de la industria de los ultraprocesados en la pandemia de enfermedades de millones de personas. «Los productos ultraprocesados son un problema de salud global»,
Encuentro global
La Asamblea Mundial de la Salud se define en su sitio web como «el órgano decisorio supremo» de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se reúne en Ginebra (Suiza) en mayo de cada año con las delegaciones de los Estados Miembros. El objetivo es determinar las políticas de la OMS, designar al Director General, supervisar las políticas y definir el presupuesto.
La Asamblea Mundial de la Salud está compuesto por 194 Estados Miembros. Este año es la número 79 y se reúne entre el 18 y el 23 de mayo. Allí se establecen metas y estrategias en materia de salud, que servirán de guía para su propia labor de salud pública y para la Secretaría de la OMS.
A diferencia de otros años, en esta Asamblea no se abordará de forma central la crisis climática y su impacto en la salud. Tampoco será parte del debate troncal la cuestión alimentaria.
Al respecto, la Alianza Mundial por el Clima y la Salud (que reúne a unas 200 organizaciones a nivel global), recordó que el cambio climático como amenaza para la salud mundial fue reconocido formalmente por primera vez en la 61 Asamblea Mundial de la Salud (2008), con la adopción de una resolución sobre el cambio climático y la salud. Se lo reconoció como una amenaza fundamental para la salud de las personas. Luego, en la Asamblea 77, se adoptó una segunda resolución específica sobre el cambio climático y la salud.
«La respuesta al cambio climático es también el primer objetivo de la Estrategia Mundial de Salud 2025-2028 de la OMS», remarca la Alianza por el Clima. En la 78 Asamblea, en 2025, se adoptó el Plan de Acción Mundial (PAM) sobre el Cambio Climático y la Salud. Que establece medidas concretas para que los gobiernos y la OMS aborden los impactos del cambio climático en la salud. Entre otras acciones, establece nuevas metas para reducir a la mitad los efectos de la contaminación del aire en la salud para 2040.
También se precisó que, en 2024, la OMS había intervenido en 51 emergencias sanitarias en 89 países. El 60% de esas emergencias estuvieron relacionadas con el clima, «lo que pone de relieve el impacto creciente del cambio climático en la salud».
Por otro parte, en el aspecto alimentación, en la Asamblea de 2025 se consensuó ampliar las disposiciones del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna para abordar la comercialización digital de leche de fórmula y alimentos infantiles.
Alimentación y salud
Nestlé, PepsiCo, Unilever, Coca-Cola, Danone, Femsa, Mondelez y Kraft Heinz son las principales corporaciones responsables de la «pandemia de enfermedades crónicas» relacionadas con la alimentación por el auge de los productos ultraprocesados. Lo afirmó la prestigiosa revista científica The Lancet, en un paquete de tres publicaciones donde participaron más de cuarenta investigadores y que, con una contundente crítica, hace un llamado: «Es necesaria una respuesta global coordinada que confronte el poder corporativo».
El trabajo de The Lancet analiza 92 estudios donde se vincula el consumo de ultraprocesados con un mayor riesgo de contraer al menos doce enfermedades crónicas: obesidad, diabetes tipo 2, perjuicios cardiovasculares y mayor mortalidad prematura, entre otras.
«Este problema de salud global puede definirse como la pandemia de enfermedades relacionadas con la dieta resultante del desplazamiento –impulsado por las corporaciones– de patrones dietéticos que hace tiempo comprendían alimentos diversos y mínimamente procesados, y comidas y platos preparados a partir de estos alimentos, por un patrón dietético ultraprocesado. En resumen, se trata del desplazamiento de los alimentos reales por productos ultraprocesados», afirma The Lancet.
Los investigadores y las investigadoras llaman a aprovechar esta oportunidad generacional para recuperar los sistemas alimentarios en pos de la salud, la equidad y la sostenibilidad. Señalan como indispensable fortalecer economías alimentarias basadas en los derechos humanos, la soberanía alimentaria, la agroecología y la justicia
Por otro lado, y también vinculado a alimentación y salud, el informe «Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2024», es el título del informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) –entre otros organismos internacionales– que da cuenta del aumento del sobrepeso en niños y niñas menores de 5 años de América Latina y Caribe. También confirma que la obesidad en la población adulta está en aumento desde el año 2000.
Publicado en enero de 2025, la investigación de 260 páginas desarrolla numerosos aspectos referidos a la alimentación, la salud y el ambiente. En el apartado 2.2 señala que, entre 2000 y 2022, la prevalencia (proporción de personas que tienen o han tenido esa enfermedad en un momento o período determinado) de sobrepeso en niños y niñas menores de 5 años «aumentó de manera constante», alcanzando un 8.6%. La cifra está por encima de la estimación mundial de 5.6 %, tanto a nivel regional como de todas las subregiones.
«El sobrepeso y la obesidad en la infancia se asocian a una mayor probabilidad de sobrepeso y obesidad en la adultez, lo que incrementa la probabilidad de padecer enfermedades no transmisibles (ENT), como diabetes y enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer», señala el informe, que también tiene la coautoría de FAO, Unicef, OMS, el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y FIDA
Agricultura industrial y salud
Distintas investigaciones de Perú, Bolivia y Argentina dan cuenta de la gran cantidad de agroquímicos que contienen las frutas, verduras y hortalizas que llegan a los platos del campo y la ciudad. «Sistematización y análisis del monitoreo ciudadano sobre presencia de agroquímicos en los alimentos», es el título de la tercera investigación realizada por la Red de Agricultura Ecológica del Perú y Consorcio Peruano (RAE-CAP) en la que se analizó el periodo de 2022 a 2024. Se estudiaron 60 muestras de tomate, apio, pimiento y cebollita china de cinco ciudades (Lima, Arequipa, Cuzco, Huánuco y Huaráz) y 28 de las muestras (el 47%) resultaron desaprobadas por los altos niveles de agroquímicos, superiores a los Límites Máximos de Residuos (LMR) establecidos en el país.
En Bolivia, la Fundación Agroecol Andes confirmó que al menos seis alimentos populares del país contienen plaguicidas altamente peligrosos. Realizó dos relevamientos en distintos mercados y ferias de la ciudad de Cochabamba (en el verano de 2023 y en el invierno de 2024). Determinó la presencia de venenos en tomate, lechuga, apio, trigo, papa y maíz. Identificaron 27 tipos de plaguicidas, de los cuales doce (el 43%) son altamente peligrosos y uno es cancerígeno. Los cultivos más afectados fueron el tomate, apio y lechuga. El trabajo precisa que los químicos encontrados «son Plaguicidas Altamente Peligrosos (PAP), prohibidos en muchos países por sus comprobados efectos nocivos en la salud. Sin embargo, en Bolivia se comercializan y se usan libremente, en el contexto nacional se favorece el incremento del uso de agrotóxicos en los sistemas alimentarios. Los consumidores urbanos y rurales están en riesgo de intoxicación”.
En Argentina, la organización Naturaleza de Derechos analiza desde 2017 los registros oficiales del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (Senasa) respecto a los agrotóxicos en frutas y verduras. Siempre confirmó la gran cantidad de químicos en los alimentos. Su último trabajo, de 2024, lo realizó junto a la ONG Cauce y el título de la investigación se llamó «El plato fumigado», que analizó (en base a información oficial) la presencia de agrotóxicos en frutas, hortalizas, verduras, cereales y oleaginosas comercializadas en Argentina entre 2020 y 2022.
«Más de 80 agrotóxicos, de los cuales el 50% fueron cancelados en la Unión Europea, el 75% son calificados como alteradores hormonales y 49% considerados agentes cancerígenos, forman parte de la dosis química diaria que recibe la población argentina en el consumo de alimentos esenciales», afirma la organización Naturaleza de Derechos y denuncia: «Se confirma la contradicción intolerable que genera el agronegocio transformando al acto humano elemental de comer en un riesgo para la salud».








