Guías Alimentarias: herramientas que requieren muchas buenas piezas

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Las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA), también conocidas simplemente como “Guías Alimentarias”, son una herramienta que permite a cada país traducir y aterrizar una amplia cantidad de evidencia científica relacionada con los alimentos, los patrones de alimentación y la salud de las personas, transformándola en recomendaciones específicas, accionables y culturalmente apropiadas para la población.

Entre la evidencia científica que se utiliza para su elaboración se incluyen, entre otras fuentes:

  • Información nacional y local sobre el consumo de alimentos y nutrientes
  • Datos sobre el suministro de alimentos en el país
  • Prevalencias de deficiencias nutricionales y enfermedades
  • Preferencias y prácticas culturales

El desarrollo de las Guías Alimentarias es también un proceso político, ya que incorpora las perspectivas de las y los tomadores de decisiones. Estas guías tienen como propósito influir en las conductas alimentarias de la población y constituyen una base para que distintos actores puedan informar, orientar y alinear los programas y políticas públicas del país en materia de nutrición, salud y agricultura.

El contenido y las recomendaciones de cada Guía pueden (¡y deberían!) tratarse de un proceso dinámico, que se actualiza en función de la nueva evidencia científica que se va generando con el tiempo, y que sea sensible a los cambios sociales y ambientales que ocurren a nivel local, nacional y global.

Dicho lo anterior, es importante señalar que actualmente nos enfrentamos a un panorama particularmente complejo: el mundo atraviesa una sindemia global caracterizada por la coexistencia del cambio climático, las altas tasas de obesidad en todos los grupos de edad y la desnutrición por deficiencia de micronutrientes.

Asimismo, los sistemas alimentarios están fallando en su objetivo de nutrir adecuadamente a la población sin comprometer el medio ambiente y los recursos naturales. En la actualidad se han priorizado dietas poco saludables, en las que predomina el consumo de productos ultraprocesados con bajo valor nutricional y asociados a un mayor riesgo de enfermedades crónicas. Estos productos suelen ser más baratos y accesibles debido a su amplia disponibilidad y a la intensa publicidad que los promueve, en comparación con una alimentación saludable. Además, su producción depende de insumos y procesos industriales que generan un impacto negativo en el medio ambiente.

Por ese motivo, la evidencia científica ha sugerido realizar una transición hacia patrones de alimentación que permitan cubrir los requerimientos de nutrientes, pero que al mismo tiempo sean respetuosas con los límites ambientales. Se ha reportado que las dietas sostenibles y de bajo impacto ambiental pueden, a su vez, promover una buena salud. Las características de estas dietas son:

  • Diversidad en los grupos de alimentos, y de los alimentos que se encuentran en cada uno de ellos
  • Incluyen principalmente alimentos frescos y mínimamente procesados, como frutas, verduras, tubérculos, cereales integrales y legumbres
  • Las carnes, si se consumen, se incluyen en cantidades moderadas, y se recomienda consumir todas las partes de los animales
  • Incluyen lácteos y alternativas vegetales fortificadas en moderación
  • Incluyen nueces y semillas libres de sal
  • Recomiendan agua natural como bebida predominante
  • Incluyen aceites vegetales de nueces y semillas como principal fuente de grasa, buscando un balance entre Omegas 3 y 6
  • Contienen pequeñas cantidades de pescados y productos del mar de fuentes certificadas
  • Indican consumir de manera muy limitada los productos altos en grasas, azúcares y sales, y a su vez bajos en vitaminas y minerales (ejemplo: papas empaquetadas, dulces, bebidas endulzadas)

Cumplir con el objetivo de que la población tenga una alimentación más saludable requiere de una profunda comprensión de los diversos contextos que coexisten en un territorio, y de la integración de esfuerzos entre la academia que genera evidencia científica, las y los profesionales de la salud que acercan la evidencia hacia las personas y los gobiernos que se encargan de desarrollar una diversidad de estrategias, programas y políticas de salud. Algunas Guías en la región que han alineado sus recomendaciones a la sostenibilidad y a la cultura alimentaria de sus territorios de una forma muy acertada han sido Brasil , México y Uruguay.

No obstante, y desafortunadamente, existe un actor más que puede tener influencia en la toma de decisiones: la industria. Ya sea de ultraprocesados, de bebidas endulzadas, o de otras marcas que comercializan productos como cárnicos y lácteos, las industrias suelen desplegar una diversidad de estrategias para influir en las y los tomadores de decisiones, en la evidencia científica y en otros eslabones que podrían modificar las recomendaciones que se incluyen en las guías alimentarias.

Un ejemplo de lo anterior puede encontrarse en las recientemente publicadas Guías Alimentarias de los Estados Unidos. Una de las recomendaciones que más llamaron la atención en esta guía fue la priorización de las proteínas animales y de los lácteos enteros, lo cual contradice a las recomendaciones de limitar las grasas saturadas y de promover dietas con menor impacto ambiental. Al observar las declaraciones de conflictos de interés del comité de investigación, se identifica que 4 de sus 7 miembros reportan relaciones financieras con asociaciones de carne de res, carne de cerdo y lácteos (5).

No se tiene la certeza de que la modificación de las guías, el regreso a las pirámides y el énfasis en las proteínas de origen animal no se trate solamente de una coincidencia…

… Lo que sí está claro es que los platos, la salud y los recursos del planeta se merecen una integración eficaz de esfuerzos, que se respalden con evidencia científica, que tomen en cuenta los distintos contextos alimentarios y se lleven a cabo a través de políticas y programas libres de conflictos de interés. Se sabe que las industrias pueden ganar o perder con cada recomendación que se incluye en las guías, pero la salud siempre debería ser más importante. En efecto, las Guías son herramientas que requieren de muchas buenas piezas.

Referencias:

1.          SSA, INSP, UNICEF. Guías Alimentarias saludables y sostenibles para la población mexicana [Internet]. 2025 [cited 2026 Feb 1]. Available from: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/1029897/Guias_Alimentarias_Mexico_2025.pdf

2.          Food and Agriculture Organization of the United Nations. Dietary guidelines | Food and Agriculture Organization of the United Nations [Internet]. [cited 2026 Feb 1]. Available from: https://www.fao.org/nutrition/education/food-dietary-guidelines/home/en/

3.          Vincent, A., Grande, F., Compaoré, E., Amponsah Annor, G., Addy, P.A., Aburime, L.C., Ahmed, D., Bih Loh, A.M., Dahdouh Cabia, S., Deflache, N., Dembélé, F.M., Dieudonné, B., Edwige, O.B., Ene-Obong, H.N., Fanou Fogny, N. et al. Plates, pyramids, planet. United Nations Human Settlements Programme (UN-Habitat): Addis Ababa, Ethiopia (2021) [Internet]. 2016 [cited 2026 Feb 1];52. Available from: https://openknowledge.fao.org/handle/20.500.14283/i5640e

4.          de Carvalho AM, Garcia LMT, Lourenço BH, Verly Junior E, Carioca AAF, Jacob MCM, et al. Exploring the Nexus between Food Systems and the Global Syndemic among Children under Five Years of Age through the Complex Systems Approach. Int J Environ Res Public Health [Internet]. 2024 Jul 1 [cited 2026 Feb 1];21(7):893. Available from: https://www.mdpi.com/1660-4601/21/7/893/

5.          Nestle M. Politics Trump science in new US dietary guidelines. BMJ. 2026 Jan 23;392.

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