A pesar de la creencia de que las enfermedades cardiovasculares (ECV) afectan mayoritariamente a la población masculina, las estadísticas revelan un impacto equivalente en las mujeres, siendo la causa principal de muerte en la región de América Latina y el Caribe.
Antes de la pandemia del COVID-19, y de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OPS), un 15 % de las muertes registradas en la región en 2019 se debieron a una cardiopatía isquémica (infartos) – 103 fallecimientos por 100 mil habitantes. La segunda causa de fallecimiento fue el accidente cerebro vascular (ACV), con 47 muertes por cada 100 mil habitantes.
Para hombres y mujeres, ambas enfermedades fueron principales factores de muerte, con los infartos en primer lugar, con una incidencia mayor en los hombres: 90 muertes femeninas por cien mil habitantes frente a 116 masculinas. No obstante, el ACV afectó más a las mujeres, con 49 muertes ante 44 en hombres.
Esta incidencia ha aumentado. Para 2021, las muertes por ACV de mujeres registraron 51 por cada cien mil habitantes, mientras que para los hombres fue de 46. En cuanto a los infartos, el grupo masculino mantuvo índices mayores, con 129 muertes, y las mujeres con 99.
Sin embargo, la investigación clínica, las pautas de prevención y el abordaje médico han estado históricamente sesgados por una perspectiva androcéntrica.
Mitos y sesgos
Existe el mito extendido de que la ECV es una afección que predomina en hombres o en países de ingresos altos. Al respecto, el doctor Daniel Piñeiro, expresidente de la Federación Mundial del Corazón y de la Sociedad Interamericana de Cardiología, aclara que las regiones con ingresos medios y bajos son las más afectadas y donde los descensos en la tasa de mortalidad avanzan a un ritmo menor en comparación con los países de altos ingresos.
«La enfermedad cardiovascular afecta tanto a los hombres como a las mujeres. Solamente, como ejemplo, por cada muerte por cáncer de mama hay 13 muertes por enfermedad cardiovascular”, apunta.
Entre las veinte causas de muerte de mujeres en la región para el 2021, la OPS registró en el lugar número nueve el cáncer de mama, con unas 22 muertes por 100 mil habitantes. Los infartos tuvieron el primer lugar, seguidos por el ACV.
Esta desproporción frente a la percepción pública puede generar demoras en la atención, con la subrepresentación de la mujer en los estudios y en el manejo de la enfermedad coronaria, una práctica conocida en la literatura médica como Síndrome de Yentl, un término introducido en 1991 por la doctora Bernadine Healy.
De acuerdo a una revisión de literatura científica publicada en 2023 por la Revista Médica de Risaralda, de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia), las mujeres alcanzaron entre el 33 % y 38 % de participación en ensayos clínicos sobre enfermedades cardiovasculares en la última década, partiendo de niveles tan bajos como el 20 % en el período 1966-1990.
Esta publicación también señala que tras un síndrome coronario agudo, las mujeres presentan una probabilidad menor de someterse a angiografías, angioplastias o cirugías de revascularización.
El doctor Piñeiro indica que por ciertas condicionantes culturales, las mujeres tienden a posponer la búsqueda de atención médica inmediata y, además, los equipos de salud suelen desestimar síntomas catalogarlos como atípicos, debido a que los parámetros de referencia se construyeron sobre patrones masculinos.
“Culturalmente, la mujer lo que va a hacer es dejar la casa arreglada, dejar la comida hecha, hacer catorce cosas antes de consultar a una consulta médica. El hombre va a ir directamente. Y cuando la mujer va, el personal médico puede, de algún modo desestimar los síntomas como subjetivos”, detalla y agrega que “las mujeres muchas veces tienen síntomas, por decirlo de una manera, más vagos, menos precisos, porque claramente esta enfermedad se ha estudiado en el hombre, entonces todo lo que nosotros decimos es como se presentan en los varones, no en las mujeres”.
Factores de riesgos distintivos
La fisonomía y las etapas específicas de las mujeres también establecen factores de riesgos distintivos ante los hombres.
El doctor Daniel Piñeiro explica que la menopausia, la diabetes gestacional, el sobrepeso después de un parto, la eclampsia y la preeclampsia son factores de riesgo que involucran de manera específica a la mujer.
“Imaginen que hay una mujer que ha tenido tres embarazos y ha tenido hipertensión en los tres embarazos. Esa señora ya tiene un factor de riesgo muy significativo. Pero si uno no lo pregunta, no lo sabe. Y eso es poco común que se le pregunte a la mujer. Entonces, falta como esta parte de integrar estos aspectos femeninos dentro de un diagnóstico, de un historial médico”, señala.
Además, la evidencia científica ha establecido que el riesgo en las mujeres de desarrollar enfermedad arterial coronaria (EAC) se presenta con un retraso promedio de 8 a 10 años en comparación con los varones (edad media de 65 años en mujeres frente a 59 en hombres), una diferencia que se atribuye, en parte, al rol protector de los estrógenos durante la etapa fértil.
También se indica otras diferenciaciones, con arterias coronarias de menor calibre y dominancia derecha en las mujeres, así como mayor frecuencia de cuadros como isquemia sin enfermedad arterial obstructiva coronaria e infarto sin enfermedad arterial obstructiva coronaria.
Incluso los factores de riesgo cardiovasculares tradicionales muestran una severidad dispar en función del sexo. De acuerdo a esta misma evidencia, la diabetes incrementa el riesgo relativo de enfermedad coronaria en mujeres de forma más pronunciada que en hombres.









