Las Enfermedades no Transmisibles (ENT) han registrado un aumento en número de casos y de muertes en todo el mundo. Estas enfermedades representan un reto importante en materia de salud pública, debido a que se pueden prevenir y, en muchos casos, ocurren de manera prematura, además, sus tratamientos representan altos costos para los sistemas de salud y los hogares.
Para enfrentar esta problemática, distintos países han puesto en marcha estrategias de política pública que buscan reducir los principales factores de riesgo: el consumo de tabaco, alcohol y alimentos no saludables. Estas medidas incluyen la prohibición y regulación de la publicidad, las etiquetas de advertencia, las restricciones en el consumo, las políticas de precios, como los impuestos selectivos, entre otros. Estas estrategias se consideran efectivas porque permiten moldear el comportamiento de la población consumidora.
Particularmente, para diseñar y evaluar los impuestos selectivos resulta clave analizar qué tanto responden los consumidores y las consumidoras a los cambios en el precio. O, como se nombra en los libros de texto de economía, las elasticidades precio de la demanda. Este concepto indica: si aumenta el precio de los ‘snacks’ en 10%, ¿en cuánto disminuye su consumo? Si el consumo disminuye menos del 10% podemos afirmar que los ‘snacks’ son inelásticos. Este es el caso del tabaco y las bebidas alcohólicas, para estos productos establecer un impuesto no reduce drásticamente el consumo, pero sí permite recaudar ingresos fiscales para financiar los sistemas de salud, por ejemplo. En cambio, si el consumo disminuye más que el 10%, el producto se considera elástico.
Cuando se trata de alimentos no saludables, el análisis resulta más complejo. No basta con observar cómo responden quienes los consumen al cambio en el precio de un único producto, sino que nos interesa analizar cómo interactúan con el consumo de los demás productos. Esto se conoce como elasticidades cruzadas. Siguiendo con el ejemplo, si aumenta el precio de los ‘snacks’ y se reduce el consumo del queso podemos afirmar que los ‘snacks’ y el queso son complementarios (quienes los consumen suelen consumirlos juntos). Si, por el contrario, el precio de los ‘snacks’ sube y la gente compra más queso, afirmamos que son productos sustitutos.
Un análisis de este tipo realicé para Colombia[1], en el que estimé las elasticidades propias y cruzadas para 14 grupos de alimentos clasificados según su calidad nutricional. Se empleó la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares 2016-2017.
Los resultados muestran sustitución de productos poco saludables por otros más nutritivos. Por ejemplo, ante un aumento del 10% en el precio de los dulces[2], el consumo de las frutas aumenta en un 4%. Si sube el precio de los snacks y horneados[3] (10%), aumenta el consumo de vegetales (5.5%) y granos enteros (13.7%). Si aumenta el precio de la carne procesada, el consumo de huevos y legumbres aumenta.
Estos hallazgos sugieren que los impuestos selectivos pueden incentivar cambios más saludables en los patrones de consumo de los hogares colombianos.
También es importante considerar cómo responde la población consumidora ante aumentos en los precios de alimentos saludables. Aunque no se trate de un impuesto, factores climáticos o de la cadena de valor pueden encarecerlos. Un alza en el precio de las frutas aumenta el consumo de dulces. Si aumenta el precio de los vegetales, aumenta el consumo de snacks, precocidos y carne procesada. Por un aumento del precio de los huevos, se aumentaría el consumo de precocidos y snacks.
Estos resultados plantean un reto clave: los sistemas agroalimentarios deben garantizar el acceso y la disponibilidad de alimentos saludables.
A manera de conclusión, el análisis del comportamiento de los consumidores y las consumidoras respalda la implementación de impuestos selectivos para desincentivar el consumo de productos no saludables.
Asimismo, sirve como un punto de partida para evaluar la efectividad de tales impuestos. No obstante, la política pública no debe centrase únicamente en restringir el acceso a estos productos, es indispensable complementarlas con las estrategias que permitan fortalecer los sistemas agroalimentarios para facilitar el acceso a dietas saludables.
[1] En proceso de publicación.
[2] Postres, confites, helados.
[3] Pan, cereales para el desayuno, galletas, frituras.
Referencias:
Nugent, R., Bertram, M. Y., Jan, S., Niessen, L. W., Sassi, F., Jamison, D. T., Pier, E. G., & Beaglehole, R. (2018). Investing in non-communicable disease prevention and management to advance the Sustainable Development Goals. The Lancet, 391(10134), 2029-2035.
Pineda, E., Gressier, M., Li, D., Brown, T., Mounsey, S., Olney, J., & Sassi, F. (2024). Review: Effectiveness and policy implications of health taxes on foods high in fat, salt, and sugar. Food Policy, 123, 102599.








