El anzuelo engañoso de las proteínas en ultraprocesados

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¿En qué piensas cuando escuchas la palabra proteína? ¿Carne, legumbres, huevos? O quizás en suplementos que se utilizan en el gimnasio o espacios deportivos y, probablemente, de productos ultraprocesados en el supermercado. Pero, ¿te imaginarías encontrar un empaque de papas fritas, palomitas de maíz y café helado que te ofrezca este nutriente?

Cada vez es más común encontrar, en las góndolas de los supermercados, ultraprocesados que ofrecen una porción de proteínas, como un anzuelo a través del cual atribuyen a estos productos una imagen de “saludable” que se contradice al poner atención a sus demás ingredientes: sodio, grasas saturadas y azúcares. 

Como explica la investigadora y nutricionista Kathia Quevedo Torres, del Instituto Nacional de Salud Pública de México, esta etiqueta suele funcionar como una estrategia de marketing para desviar la atención de ingredientes menos deseables en respuesta a exigencias del mercado y no de salud.

De acuerdo a una encuesta del Consejo Internacional de Información Alimentaria, 7 de cada 10 estadounidenses afirman estar intentando incluir proteínas en su dieta, un aumento con respecto a años anteriores.

Este interés se ha visto reforzado por la actualización de directrices gubernamentales en Estados Unidos en su guía alimentaria, en enero de este 2026, las cuales elevaron el rango diario recomendado de 0,8 g por cada kilogramo de peso corporal al día a entre 1,2 y 1,6 gramos por kilogramo de peso corporal. 

No obstante, la mayoría de las personas en la población general ya cubren sus necesidades proteicas con la alimentación diaria. Por ejemplo, según el Estudio Latinoamericano de Nutrición y Salud (ELANS), publicado en 2023 y realizado en 8 países de América Latina, Ecuador y Argentina presentaron la mayor ingesta diaria de proteínas, con un rango de 85,5–87,5 gramos al día; mientras que en Colombia, Perú, Brasil y Venezuela presentaron ingestas de proteínas intermedias similares de 78,6–79,8 g/día.

El anzuelo con los ultraprocesados

Aprovechando la buena reputación de las proteínas —fundamentales para el sistema inmune, la masa muscular y los procesos hormonales—, la industria de los ultraprocesados ha reformulado productos chatarra para etiquetarlos como opciones «saludables».

Se añade proteína a productos que exceden el consumo diario de sodio, azúcares y grasas saturadas.

El empaque y la promoción de estos productos oculta que la adición de proteína en polvo (como suero de leche o soya) a galletas o snacks no neutraliza sus excesos de azúcar refinada, grasas saturadas y sodio.

Los productos con esta etiqueta también suelen ser más costosos que sus versiones tradicionales, a pesar de que el costo real de la proteína añadida por la industria es bajo. Un estudio publicado por el banco cooperativo estadounidense CoBank indica que las marcas pueden cobrar un 12 % más por los productos que se anuncian como ricos en proteínas.

Desplazar una alimentación equilibrada

Además de aumentar el consumo de sodio, grasas saturadas y azúcares, que inciden en las enfermedades no transmisibles (ENT) como afecciones cardiovasculares y la diabetes tipo dos, los ultraprocesados con proteína agregada nos ponen en riesgo de disminuir un consumo equilibrado, y necesario, de nutrientes. 

La obsesión por alcanzar metas sin evidencia de proteínas a través de barritas, yogures o cereales desplaza del plato a las frutas, verduras, leguminosas y cereales integrales. En regiones como Estados Unidos, de acuerdo a un análisis publicado en 2017 en el American Journal of Lifestyle Medicine, mientras la gente se sobrecarga de snacks proteicos, cerca del 95 % de la población sufre un déficit crítico de fibra.

También el exceso de proteína puede ser perjudicial para personas con enfermedades renales. Existe evidencia que apunta a un empeoramiento de la función renal en personas con —y quizás sin— insuficiencia renal. 

“Utilicen las fuentes naturales. Compren en el mercado local sus leguminosas, semillas, etc. Mientras más empaquetado, es más probable que tenga mayor grado de procesamiento. Y, si bien, el procesamiento no es malo por sí mismo, muchas veces es sinónimo de ingredientes añadidos que eventualmente afectarán tu salud”, apuntó la investigadora y nutricionista Kathia Quevedo Torres en una entrevista para Saludable Saberlo.

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