Nutrir a la madre para proteger la lactancia

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Resulta vital para la protección de la lactancia incentivar una alimentación saludable y equilibrada para las madres.

Durante la lactancia exclusiva, recomendada hasta los seis meses de edad, la díada madre-hijo entrelaza su salud presente y futura. Sin embargo, la producción láctea impone una alta demanda que convierte a las mujeres lactantes en una población vulnerable a la pérdida o disminución de sus reservas de nutrientes. 

Por tanto, resulta vital para la protección de la lactancia incentivar una alimentación saludable y equilibrada para las madres, analizando sus requerimientos energéticos y el impacto de la dieta sobre la composición de la leche, diseñada biológicamente para proporcionar una nutrición óptima al recién nacido.

El «comer bien» de la madre lactante

La producción de leche humana requiere un esfuerzo metabólico considerable por parte del organismo materno. Para compensar este gasto, las principales recomendaciones sugieren que la madre aumente su ingesta energética en comparación con las mujeres no lactantes.

Ante este incremento calórico, se debe descarta el viejo mito de «comer por dos», como puntualiza en una entrevista para Saludable Saberlo la doctora Jenny García Salazar, ginecóloga obstetra con subespecialidad en endocrinología ginecológica. “No tiene que seguir comiendo por dos, sino bien».

En el artículo «Nutrición materna durante el amamantamiento», publicado en Gaceta Médica de Caracas (Venezuela) en el año 2021, se sugiere que la dieta de las madres lactantes este compuesta por un alto consumo de carbohidratos complejos (como guisantes, fríjoles, granos enteros y hortalizas) y fibra. 

También un aporte de grasas, con especial atención en el omega 3, que desempeñan un papel importante en el desarrollo neurológico y de la retina de la criatura amamantada. Este nutriente se encuentra en los alimentos del mar (sardinas, arenque o salmón), con preferencia en especies pequeñas y de vida corta para evitar contaminantes pesados como el mercurio.

De igual manera, las proteínas tienen un papel importante en la dieta de las madres que amamantan. Entre estos, las carnes, huevos, lentejas y garbanzos.

¿Qué aporta la alimentación de la madre a la leche materna?

En una revisión de estudios sobre la nutrición materna en la etapa de la lactancia, publicada en la revista Actualización de Nutrición, órgano de difusión de la Sociedad Argentina de Nutrición, se señala que varios componentes de la leche humana se ven alterados por la alimentación de la madre.

La grasa y el perfil de vitaminas esenciales (A, B1, B2, B3, B6, B12, C y D) son sensibles al aporte dietético y a las reservas de la madre. El texto apunta a que la grasa que consume la madre modifica el perfil de ácidos grasos de la leche y se refleja en ella a los dos o tres días de su ingesta.

Pero también están los nutrientes estables, es decir, que están presentes en la composición de la leche materna, con independencia de los alimentos que consuma la madre: las concentraciones de calorías, proteínas, carbohidratos y minerales como el calcio, el hierro, el zinc y el cobre no sufren modificaciones sustanciales por la alimentación diaria de la madre. 

Pero esta independencia de la dieta materna tiene un costo. Si la nutrición de la madre presenta deficiencia de estos nutrientes, pues el cuerpo extrae transitoriamente estos elementos de los depósitos corporales de la madre (como el tejido óseo para el calcio), protegiendo el valor nutricional de la leche a expensas de la salud materna.

Desmitificar la alimentación materna

La evidencia demuestra que no existe ningún alimento que deba ser prohibido per se durante el amamantamiento. Algunas prácticas culturales desaconsejan el consumo de granos, huevo, repollo, coliflor o brócoli carecen de respaldo científico, lo que pone en riesgo el estado nutricional de la madre.

Al contrario, la variedad en la alimentación de la madre ofrece ventajas como la estimulación sensorial, pues alimentos como la cebolla, el ajo, los pimientos, el apio y los puerros modifican de forma segura el sabor o el color de la leche. Lejos de provocar rechazo, estos cambios educan las papilas gustativas del bebé y favorecen que acepte mejor los nuevos sabores cuando comience la alimentación complementaria.

En torno a las alergias, se ha observado que la exposición temprana al maní a través de la leche materna ayuda a reducir el riesgo de sensibilización alérgica en el niño.

Y aunque la hidratación es muy importante durante ese periodo, el volumen de producción láctea está determinado principalmente por el estímulo de succión y el entorno hormonal, no por la ingesta masiva de líquidos tradicionales (como agua de cebada, avena o malta). 

La doctora García Salazar hace especial énfasis en priorizar el consumo de agua potable en esta etapa para sostener las funciones metabólicas de la madre.

Los suplementos, ¿necesarios?

Las mujeres que siguen dietas veganas o vegetarianas requieren una intervención nutricional prioritaria, ya que los bebés amamantados por madres que excluyen los productos de origen animal suelen poseer bajas reservas de vitamina B12, lo que puede provocar el desarrollo precoz de una deficiencia severa, manifestada en daño neurológico, anemia megaloblástica y retraso en el crecimiento y desarrollo. En estos casos se recomienda la suplementación de esta vitamina.  

“Mamá parida solamente debe hacer tres cosas: comer, dormir y dar teta”.
Jenny García Salazar
Ginecóloga obstetra con subespecialidad en endocrinología ginecológica

En el caso del hierro, no está indicada si la madre presenta valores normales de hemoglobina y ferritina. Un exceso farmacológico de hierro no incrementa los niveles de este mineral en la leche y puede perjudicar la absorción de otros elementos vitales como el zinc y el cobre.

El apoyo para una buena nutrición

El éxito del amamantamiento va mucho más allá de los nutrientes que ingresan al organismo; está íntimamente ligado a la estabilidad psicoemocional de la madre y a su entorno social. El periodo posparto expone a la mujer a alteraciones emocionales y fatiga física, factores que pueden sabotear la dinámica de la alimentación.

La doctora Jenny García Salazar advierte sobre el grave impacto de los trastornos del ánimo en este periodo. “A las mamás que entran en depresión o que están muy agobiadas y dejan de comer, entonces eso no es muy saludable, porque aumenta la demanda en términos de aumentar la producción para alimentar al bebé. Entonces tiene que comer a sus horas, tenerlo pendiente”

Por este motivo, tanto para la viabilidad de la lactancia como para el bienestar general de la madre y su hijo, la especialista recalca que el sostén de los familiares y cercanos es insustituible. “Mamá parida solamente debe hacer tres cosas: comer, dormir y dar teta”, enfatiza la doctora.

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