La combinación de la disminución de masa corporal y la obesidad al comenzar el envejecimiento repercute en la salud y calidad de vida.
A partir de los 60 años comienza lo que se considera la vejez, una etapa que comprende las últimas décadas de la vida de los seres humanos y en la que el sobrepeso y la obesidad también influyen en la calidad de vida, aumentando la gravedad de enfermedades no transmisibles (ENT), así como afectación prematura de la movilidad de las personas.
Aunque la preocupación en esta etapa está más enfocada en la pérdida de masa corporal, el sobrepeso y la obesidad tienen una repercusión en la salud, en especial porque estas afecciones toman características específicas en la población mayor de 60 años, que para el 2022 representaba en América Latina y el Caribe 13 % de sus habitantes, alrededor de 88 millones de personas, de acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que la región de las Américas tiene la prevalencia de sobrepeso y obesidad en personas adultas más alta de todas las regiones, con un 62,5% de personas adultas con sobrepeso u obesidad (64,1% de los hombres y 60,9% de las mujeres). Según estos datos, solo la obesidad afecta al 28% de la población adulta (26% de los hombres y 31% de las mujeres).
Obesidad sarcopénica
Diferente a las consecuencias del sobrepeso y la obesidad en la niñez, adolescencia y la adultez temprana, la pérdida de masa muscular durante el envejecimiento, un proceso denominado sarcopenia, provoca que el exceso de grasa se redistribuye principalmente en el área del abdomen, como se indica en el informe “Revisión sobre envejecimiento y obesidad”, de Saray Endériz y Esther Rebato, del Departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal, Facultad de Ciencia y Tecnología Universidad del País Vasco (UPV/EHU), en 2014.
“Este tipo de grasa, a diferencia de la subcutánea, se acumula entre las vísceras y genera sustancias tóxicas que dañan los órganos, dando lugar al conocido “síndrome metabólico”. Este síndrome lo sufren casi la mitad de las personas mayores de 60 años y, aunque es más frecuente en los hombres, a partir de los sesenta, los porcentajes tienden a igualarse en ambos sexos”, advierte este informe.
Las conclusiones del estudio de revisión “Obesidad sarcopénica: un nuevo reto en la clínica práctica”, publicado en 2020 en España también reitera la tendencia del agravamiento de enfermedades no transmisibles cuando coexiste obesidad y la pérdida de masa muscular.
“La obesidad sarcopénica se ha asociado con mayor discapacidad y morbimortalidad que las dos entidades por separado (obesidad y sarcopenia). También se ha asociado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y deterioro cognitivo, siendo la inflamación crónica y la resistencia a la insulina factores patogénicos importantes”.
Esta situación, acompañada de la pérdida de fuerza y funcionamiento muscular de la sarcopenia que limita la actividad física, repercute en el bienestar y salud de la persona envejeciente.
“El adulto mayor obeso o en sobrepeso tiene mayor probabilidad de presentar enfermedades o desarrollarlas como la diabetes mellitus, hipertensión, enfermedad cardiovascular, así como también presentar accidente cerebro vascular, ya sea isquémico o hemorrágico, que tenga hipertrigliceridemia (nivel elevado de triglicéridos) o hipercolesterolemia (colesterol alto). Todo eso aumenta”, explica la geriatra Cecilia Sacco Estrella.
La doctora Sacco Estrella advierte que estas complicaciones provocan de manera temprana en la vejez el síndrome de inmovilidad. “Que el o la paciente caiga en cama, que tenga que depender de otras personas estando en cama, una situación que afecta a quienes cuidan y a la persona envejeciente en sí, porque su vida queda totalmente limitada”.
¿Qué estamos haciendo?
Al considerar el incremento en la proporción de personas mayores en América Latina y el Caribe, ante una esperanza de vida para ambos sexos de 75 años en 2019, la que se estima será de 77 años en 2030, es evidente que la región tiene retos y desafíos en la atención de esta población que incluye la prevención del sobrepeso y la obesidad.
Y aunque de manera específica no se hace hincapié en estas afecciones, se incentiva en la región la creación de mecanismos que de manera integral dirijan políticas a atención de la población envejeciente.
“Como estrategia fundamental en la región, desde una perspectiva de derechos y bienestar, es necesario implementar políticas redistributivas y solidarias que permitan avanzar hacia la universalización de la protección social, incluida la ampliación sostenible de la cobertura y la calidad de las prestaciones, así como el reconocimiento del cuidado como pilar de la protección social (CEPAL, 2016)”, se cita en el informe “Envejecimiento en América Latina y el Caribe: inclusión y derechos de las personas mayores”, presentado en 2022.

Este documento agrega, además, que la OPS refiere en materia legislativa a 16 países de la región que tienen una política relacionada con los cuidados a largo plazo. Destaca el caso del Estado Plurinacional de Bolivia, que en la Ley núm. 1152 estableció mecanismos orientados a personas que no gozan de protección sanitaria para que puedan acceder al Sistema Único de Salud.
Algunos países han elevado la salud de las personas mayores al rango de política, plan o programa nacional, como es el caso de Bolivia (Estado Plurinacional de) (Plan de Acción Quinquenal hacia el Envejecimiento Activo y Saludable), en Brasil (Política Nacional de Salud de la Persona Mayor), Chile (Plan Nacional de Salud Integral para las Personas Mayores) y Cuba (Programa Nacional de Atención Integral al Adulto Mayor).
En otros casos se ha buscado fortalecer el acceso de las personas mayores a la salud a través del impulso de medidas derivadas de programas sectoriales de salud. En 2019, 24 países informaron tener algún mecanismo multisectorial de trabajo en el área de envejecimiento que incluye la salud como tema esencial.
Un avance muy relevante que todos los países señalan en sus informes lo constituyen los programas enfocados a la promoción del envejecimiento saludable que, con diferentes orientaciones y alcances, ofrecen servicios y promueven instancias de capacitación y orientación, así como actividades y acciones encaminadas a mejorar la accesibilidad a los servicios de salud y a fomentar estilos de vida saludable.
Mientras que en algunos países (Argentina, Chile y Panamá) los programas están construidos a partir de la intersectorialidad, en otros (México) existen diversos programas operados por instituciones tanto de salud como de seguridad social, y en un tercer grupo de países estos programas se encuentran únicamente vinculados al sector de la salud.








