Mitos sobre los impuestos saludables

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Los impuestos saludables son aquellos que se aplican a productos que generan efectos nocivos en la salud, entre ellos el tabaco, el alcohol, las bebidas azucaradas y los productos ultraprocesados, con el objetivo de reducir su consumo y, de este modo, contribuir a  disminuir la carga de padecimientos de las principales causas de muerte y discapacidad, que son las enfermedades no transmisibles (ENT), como el cáncer, la diabetes y las dolencias cardiovasculares.

Las estimaciones hechas por la Organización Mundial de la Salud señalan que cada año estas enfermedades provocan la muerte de 41 millones de personas, lo que equivale al 71 % de las muertes que se producen en el mundo. En la región de las Américas, son 5.5 millones las muertes por ENT cada año. 

Estas enfermedades demandan de los sistemas de salud un conjunto de servicios de muy alto costo. Además, al causar discapacidad, estas reducen de manera importante la productividad de las personas en el mercado laboral.

pesar de ser una política pública que ha demostrado generar un consumo alimenticio más saludable en las poblaciones de la región de Las Américas, al hacer menos accesibles estos productos nocivos, reduciendo a largo plazo los costos de atención médica, además de generar ingresos fiscales estables y predecibles, existen diversos mitos a su alrededor.

Mito: Los impuestos saludables quiebran a los pequeños comerciantes y producen desempleo

La experiencia en países donde se han implementado estos impuestos demuestra que los pequeños comercios no se ven significativamente afectados.

Los productos gravados, como las bebidas azucaradas, no suelen ser la principal fuente de ingresos para estos negocios. Tampoco hay una repercusión a nivel de los empleos. 

Healthy Food America revisó los efectos en el empleo que causó la imposición de un impuesto a las bebidas azucaradas en distintos lugares como Filadelfia, Berkeley, México y Chile.

Al revisar lo sucedido en la ciudad de Filadelfia, en la mayor parte del estado de Pennsylvania, los investigadores encontraron que no hubo grandes cambios en los reclamos por desempleo en comparación con otros condados o pueblos vecinos, ni en las industrias potencialmente afectadas ni en los supermercados. En Berkeley, de hecho, descubrieron que luego de la implementación del impuesto los empleos aumentaron en restaurantes y supermercados; el incremento fue de 7.2 % entre 2014 y 2016.

En México no hubo cambios significativos en los empleos asociados a las industrias manufactureras de bebidas y comidas de bajo aporte nutricional luego de la implementación del impuesto, que ocurrió en 2014. Similar fue lo sucedido en Chile, donde no se encontraron efectos sobre el empleo ni sobre los salarios reales de la industria de bebidas luego de estudiar el sector 18 meses después de la implementación del impuesto.

Datos señalados en el libro “Sin impacto comprobado: análisis de un impuesto a las bebidas azucaradas en el mercado laboral colombiano” indican que el impuesto a las bebidas azucaradas ha sido adoptado por más de 70 países, incluyendo 21 Estados de la región de América Latina y el Caribe, “y no existe evidencia de que en alguno de estos países los puestos de trabajo se hayan visto afectados por el impuesto a nivel agregado. ¿Por qué? Por la propensión de los consumidores a comprar más de otros productos cuando se reducen sus compras de estas bebidas por los impuestos. Así, los pocos empleos que sí resultaron afectados fueron compensados con nuevos empleos en productos no endulzados (como el agua embotellada), donde la demanda aumentó”.

Mito: Los impuestos saludables son regresivos y afectan más a los pobres

Aunque es cierto que las personas de bajos ingresos destinan una mayor proporción de su presupuesto a estos alimentos y bebidas, a largo plazo, son quienes más se benefician. Estas poblaciones tienen una mayor incidencia de enfermedades como la diabetes y la obesidad, por lo que los beneficios en salud pública y la reducción de los costos de atención médica superan el impacto económico inicial. Además, los ingresos fiscales recaudados pueden ser reinvertidos en programas sociales y de salud que los beneficien directamente.

En Colombia, y de acuerdo con un informe de Centro de Estudios Económicos ANIF, basado en la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV), entre 2022 y 2024 hubo una reducción en el consumo diario de bebidas azucaradas, especialmente entre jóvenes y adultos de clase baja. Por ejemplo, entre jóvenes de 12 a 28 años, el consumo diario bajó del 24.6 % al 22.6 %. En personas adultas de 29 a 44 años, bajó del 24.9 % al 19.2 %; y en las personas  adultas mayores (45+), el descenso fue leve, de 18.3 % a 17.7 %.

Para los alimentos fritos de paquete también hubo caídas, aunque menores. En jóvenes, el consumo diario bajó de 18.7 % a 17 %. En personas adultas de 29 a 44 años, de 7.7 % a 7.1 %. Las personas adultas mayores mantuvieron su consumo diario casi igual, pero aumentaron el ocasional. 

El informe de ANIF reveló que los cambios más fuertes se dieron en los quintiles extremos de ingreso. Es decir, en el quintil 1 (los más pobres), el consumo diario de bebidas azucaradas cayó del 22.2 % al 19.8 %, y aumentó el consumo esporádico.

Los estudios en países como México han demostrado una reducción en la compra de bebidas azucaradas tras la implementación del impuesto, lo que se ha asociado con mejoras en la salud pública, en donde los hogares redujeron las compras de bebidas azucaradas 6 % en el primer año de aplicación de impuestos sobre estos productos y 9.7% en el segundo, con un efecto mayor en los hogares de bajos ingresos, mostrando que estas políticas son progresivas.

Mito: La gente simplemente cambiará a otros productos no saludables y el impuesto no servirá de nada

Si bien puede haber algún cambio de comportamiento, la evidencia muestra que la población consumidora tiende a reducir su consumo total del producto gravado y buscar otras opciones, que usualmente son reformulados con menos aditamentos o por agua potable en el caso de las bebidas. 

El Instituto Nacional de Salud Pública de México y el Centro de Población de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos, realizaron un estudio para estimar el efecto del impuesto en las bebidas azucaradas que revela un aumento de 7 % en las compras de bebidas sin impuesto (como bebidas con edulcorantes artificiales, agua mineral carbonatada, agua simple, jugos sin azúcares adicionados y leche sin azúcares adicionados) y, dentro de esta categoría, un incremento de cerca de 4 % en la compra de agua simple durante el mismo período.

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