El lobby contra la lactancia materna: cuando los intereses de las fórmulas infantiles pesan más que los derechos humanos

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Garantizar el derecho a la lactancia materna  es resistir a la comercialización de la vida, es poner la salud de las infancias por encima de los intereses comerciales y del lucro corporativo.

En el contexto de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, es crucial visibilizar y denunciar un problema que, aunque a menudo pasa desapercibido, causa un daño profundo: el cabildeo de la industria de fórmulas comerciales infantiles (FCI).

Con estrategias agresivas, esta industria ha socavado durante décadas los esfuerzos para proteger, promover y apoyar la lactancia materna en América Latina.

Esta interferencia corporativa, impulsada por la defensa de mercados multimillonarios, ha tenido un impacto devastador en la salud pública y en los derechos de madres, hijos e hijas en toda la región.

La lactancia materna no es solo una práctica cultural o una decisión personal; es un derecho humano y una herramienta esencial para la salud pública. La evidencia científica es clara y contundente.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida puede prevenir hasta el 13% de las muertes infantiles en menores de cinco años. Además, ofrece beneficios a largo plazo en el binomio materno-infantil, como un menor riesgo de enfermedades infecciosas, obesidad, diabetes y ciertos tipos de cáncer.

Sin embargo, a pesar de este consenso científico y de los compromisos asumidos por los Estados miembros de las Naciones Unidas, el progreso en las políticas públicas a favor de la lactancia ha sido irregular, parcial y, en muchos casos, inexistente.

Uno de los ejemplos más evidentes del cabildeo de la industria de fórmulas, es la resistencia a la implementación del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos

Una de las principales razones detrás de este panorama, es el poderoso aparato de cabildeo que han desplegado las grandes corporaciones productoras de fórmulas comerciales infantiles. Corporaciones multinacionales como Nestlé, Reckitt Benckiser; Mead Jhonson, Genomma Lab, Sanulac, Friesman Campi, Siegfried Rhein, Nucitec, Holle baby food y Danone, han operado durante décadas utilizando tácticas similares a las de la industria tabacalera: financiamiento de estudios «científicos», presencia en congresos pediátricos y de nutrición, promoción de productos en hospitales, implementación de lactarios hospitalarios,  y cabildeo directo ante gobiernos para debilitar o impedir regulaciones.

Uno de los ejemplos más evidentes del cabildeo de la industria de fórmulas, es la resistencia a la implementación del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de Leche Materna, un código adoptado por la OMS desde la década de los 80.

Este instrumento establece restricciones y prohibiciones a la publicidad directa a madres, padres y cuidadores, distribución gratuita de muestras, e incentivos a profesionales de la salud por la recomendación de estos productos. A más de 40 años de su aprobación, solo unos pocos países en la región latinoamericana lo han adoptado parcialmente en su legislación nacional.

Las corporaciones de fórmulas comerciales infantiles, han invertido grandes cantidades de dinero para presionar a los gobiernos e interferir en proyectos de ley que busquen proteger la lactancia materna, argumentando que esas legislaciones limitan la libre competencia, afecta a la libertad de elección de madres y padres trabajadores, generan pérdidas económicas y de empleos y contravienen tratados comerciales. En la mayoría de los casos, logran diluir el alcance de los proyectos, posponen su discusión o incluso bloquean estas iniciativas.

Una de las estrategias que utiliza la industria de fórmulas comerciales infantiles, es la captura de profesionales de la salud, y es que, a través del financiamiento de congresos de salud, otorgamiento de incentivos y la participación en la estructura curricular en las facultades, se generan conflictos de interés, comprometiendo la ética de los profesionistas en la región. La desinformación por parte de los profesionistas, socava la confianza de la lactancia materna y perpetúa malas prácticas y mitos. Todas esas estrategias, reforzadas por un marketing agresivo, y persuasivo, consolidan una cultura que reemplaza un derecho humano con una mercancía.

La lactancia materna debe contar con el respaldo del Estado, para que las mujeres y personas que decidan amamantar, no tengan que luchar contra un ejército de intereses comerciales.

A pesar del poder político y económico de estas corporaciones, organizaciones de sociedad civil, movimientos feministas, colectivos y colegios de profesionistas de la salud; y redes de madres lactantes, han dado una constante batalla para defender la lactancia materna como un bien común, y un derecho colectivo.

Es momento de que los gobiernos se alineen con los estándares internacionales. El fomento, la promoción y el apoyo a la lactancia materna debe estar respaldada y garantizada por leyes robustas, presupuestos adecuados, licencias de maternidad dignas, entornos amigables con la lactancia, la adopción del código y una vigilancia estricta del mismo. Además de una gestión de los conflictos de interés con rigor y ética.

Garantizar el derecho a la lactancia materna en América Latina, es resistir a la comercialización de la vida, es defender el derecho de las mujeres a la elección informada, es poner la salud de las infancias por encima de los intereses comerciales, y del lucro corporativo.

La Semana Mundial de la Lactancia Materna, no debe ser un acto simbólico, debe ser una oportunidad para demandar a los gobiernos un actuar responsable, exigir cuentas y transparencia a las corporaciones, señalar a los responsables de socavar las políticas públicas alimentarias, y reforzar nuestro compromiso con la justicia social. La lactancia materna debe contar con el respaldo del Estado, para que las mujeres y personas que decidan amamantar, no tengan que luchar contra un ejército de intereses comerciales.

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