Qué son las Plantas Alimenticias No Convencionales

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Frutas, hierbas, raíces, plantas que crecen en las aceras y frutos secos son algunos de los alimentos pocos conocidos y donde cada vez se pone más atención. La investigadora y nutricionista Neide Rigo (Brasil) brinda un primer acercamiento por este mundo poco conocido en otros países del continente. También aborda el rol de las huertas comunitarias, los modelos de alimentarios diversos y la agricultura industrial.

En Brasil avanza un fenómeno tan como firme y nutritivo: las Plantas Alimenticias No Convencionales (PANCs), vegetales que pueden crecer en las calles urbanas o en las selvas y que suelen ser utilizadas para la dieta humana, en la gran mayoría de los casos por simple desconocimiento. Neide Rigo vive en São Paulo, es nutricionista, activista por la alimentación sana y popular, y divulgadora de las PANCs.

Cuando se le pregunta sobre ejemplos de las PANCs más populares de Brasil, responde de inmediato: Taioba (planta perenne de hojas verdes), ora-pro-nobis (del tipo trepadora con hojas y frutos son comestibles), banana verde, jaca verde (fruto fibroso de sabor neutro), moringa (árbol con hojas comestibles y ricas en proteínas). También está presente la peixinho (con hojas aterciopeladas, color verde grisáceo y que se puede cosechar todo el año) y caruru (de sabor similar a la espinaca). Aclara que las PANCs son no solo hierbas, sino también frutas, raíces y frutos secos, entre una gran variedad de vegetales. Explica que se encuentran fácilmente en los patios de las casas de pequeñas ciudades o en comunidades tradicionales (quilombolas –comunidades afrobrasileñas–, ribereños, indígenas), pero suelen ser desconocidas entre las poblaciones urbanas.

Ante el planteo de asociar las PANCs a la pobreza y con eso crear un prejuicio, la nutricionista no tiene dudas: «El papel de las PANCs en Brasil es muy claro. Son excelentes opciones para hacer el menú más nutritivo y biodiverso, ya sea para poblaciones pobres o no, con beneficios para el ecosistema, productores y consumidores. Por supuesto, muchas personas asocian el consumo de ciertos alimentos con recuerdos dolorosos de períodos de escasez y es muy difícil cambiar este pensamiento».

Señala que «desafortunadamente» solo un pequeño número de personas tiene acceso a una dieta biodiversa (que incluye a las PANCs). Explica que influye que todavía no se encuentran mucho en ferias y mercados, pero también destaca que «hay un movimiento creciente para popularizar estas especies comestibles olvidadas», ya sea en redes sociales, en gimnasios, restaurantes o en los almuerzos escolares.

El acrónimo PANCs proviene de los investigadores Irany Arteche y Valdely Kinupp (botánico que escribió el libro “Plantas Alimenticias No Convencionales (PANCs) en Brasil”, en 2014), pero en otros países del continente también existe una valoración positiva de especies comestibles silvestres, espontáneas y tradicionales, aunque con otros nombres (en México también se las conoce como «quelites»). Aclara que no se trata de una clasificación estática, sino dinámica y que todavía quedan muchas por descubrir. Y sostuvo que hay partes de alimentos que se consideran PANCs, por ejemplo el follaje de la zanahoria (que también es comestible).

Un paso adelante en el crecimiento de las PANCs pueden ser las políticas públicas. Un ejemplo es el municipio de Jundiaí (estado de São Paulo), donde se incluyen en la alimentación escolar huertas para abastecimiento. «Existen varias iniciativas para promover el uso de una mayor biodiversidad en los menús de almuerzos escolares en todo Brasil», afirma Rigo.

Plantea que lo ideal sería que las personas tomaran decisiones conscientes porque reconocen la importancia de diversificar su dieta y no porque es la única opción para sobrevivir. «Esto implica otros temas a resolver, como la desigualdad social, falta de empleo, de vivienda y de acceso a la tierra, entre otros», alerta. Y deja un dato cuantitativo: el 90% de lo que se come en Brasil proviene de tan solo 20 especies (y existen más de 30 000 especies comestibles). Otro factor para incentivar las PANCs.

De las huertas comunitarias a la lucha contra el hambre

Neide Rigo es una activista de las huertas comunitarias. Es un trabajo cotidiano que realiza desde hace años en São Paulo y que convoca a imitar en cada lugar que visita. «Los huertos comunitarios son una excelente manera de mejorar el acceso a alimentos de calidad a bajo costo en las grandes ciudades. Hay muchos espacios ociosos, y si no los hay habría que crearlos, que podrían convertirse en huertos para dar servicio a la población circundante», resume. En 2018 también los había definido, desde una mirada política: «Los huertos comunitario son un espacio de resistencia y juegan un papel de verdaderos guardianes de estos conocimientos, de estas culturas».

Un extra de las huertas urbanas, además de la obtención de alimentos locales y las ganancias sociales, es que son «espacios para diversificar la siembra, un contrapunto a la monotonía del agronegocio». Queda claro que Rigo no solo se involucra con las dietas, los alimentos, sino que también apunta a las causas de los problemas, como el modelo agroindustrial, en manos de grandes corporaciones como Bayer-Monsanto, Syngenta y Corteva.

«El modelo agroindustrial apunta a sembrar materias primas y no alimentos», afirma Rigo y recuerda que quienes plantan alimentos e invierten en la biodiversidad son pequeños productores, agricultores familiares, campesinos y pueblos indígenas. Destaca que se necesita más inversión e incentivos para este sector que produce alimentos sanos.

La también escritora (su último libro se llama «Comida Comun») recordó que, de avanzar el modelo de grandes empresas y agrotóxicos, se seguirán fomentando los monocultivos y destruyendo el planeta: «Sin biodiversidad no habrá alimentos. Ya estamos, por ejemplo, perdiendo polinizadores por la destrucción de la biodiversidad, y sin ellos ni siquiera la agroindustria tendrá producción».

Brasil fue una referencia mundial el la lucha contra la malnutrición. Sucedió con los primeros programas del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), llamado incluso «Hambre Cero» (Fome Zero), con Luiz Inácio Lula da Silva en 2003. Neide Rigo aclara que hay personas especializadas para abordar ese tema, pero ante la consulta sí acepta una evaluación general, que es también una mirada de época: «Gracias a los programas del PT, Brasil salió del mapa del hambre. Desgraciadamente, tuvimos después un gobierno que provocó el desmantelamiento de varios programas y volvió el hambre a Brasil».

Señala que actualmente existen programas que vuelven a centrarse en el tema, como por ejemplo el llamado «Cocina Solidaria», lanzado por el gobierno nacional en julio de 2023 y que tiene entre sus objetivos que todos tengan un plato de comida y la adquisición de alimentos a organizaciones campesinas y de la agricultura familiar.

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