Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo: ¿Por qué mi hijo solo quiere comida chatarra, cómo puedo motivarle a comer saludable?

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“Mi hijo autista solo quiere comida chatarra, como pizza, dulces, papitas y jugos azucarados. Le sirvo vegetales, frutas, carnes, pero nunca los come. He intentado de todas las formas, pero si le insisto mucho, tira todo al suelo y me hace un desastre. Ya no sé qué hacer. ¿Por qué lo hace? ¿Cómo puedo cambiar su conducta?”.

El exceso en el consumo de alimentos ultraprocesados es una preocupación común en familiares de personas autistas. Esta preocupación aumenta cuando aparece obesidad, carencias nutricionales o, incluso, dificultades conductuales asociadas a la alimentación.

La preferencia por alimentos ultraprocesados puede llegar a extremos, con personas autistas que se levantan de madrugada para consumirlos a escondidas. Quienes les cuidan, para evitarlo, toman medidas drásticas como esconder los alimentos, guardarlos bajo llave o simplemente dejan de comprarlos.

Sin embargo, esto no soluciona el problema, ya que muchas personas autistas se ponen muy ansiosas cuando no tienen acceso a los alimentos que prefieren, llegando a tener respuestas agresivas hacia los demás. Otros, por otra parte, puede que simplemente dejen de comer, lo que también preocupa a sus familiares y cuidadores, quienes terminan dándoles lo que quieren, porque entienden que “eso es mejor que nada”. 

Como puede verse, el autismo, la obesidad y el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados es una situación compleja, donde las estrategias comunes no suelen dar mucho resultado. Por eso, antes de intentar ayudar, primero debemos entender las posibles causas de estas conductas. 

¿Por qué muchas personas autistas prefieren alimentos ultraprocesados?

En realidad, la preferencia por alimentos ultraprocesados no es algo exclusivo del autismo. Por ejemplo, en un estudio publicado en el Jornal de Pediatria en 2024, se encontró que el 64% de los niños, niñas y adolescentes de São Paulo (Brasil) consumía alimentos ultraprocesados de forma frecuente; en Nepal, se encontró que cerca del 41% de infantes tenían hábitos alimenticios no saludables; y en Singapur se encontraron estadísticas similares[1].

Pero, para muchas personas con autismo, el consumo de alimentos ultraprocesados no es una simple preferencia. Muchos pueden limitarse a solo consumir ciertos alimentos ultraprocesados, lo que provoca que se rehúsen contundentemente a probar o consumir otros alimentos que son necesarios para una buena salud.

Cuando esto sucede, decimos que se ha producido una “selectividad alimentaria”.

La selectividad alimentaria ocurre cuando una persona solo se limita a comer ciertos alimentos y se niega a probar otros nuevos o diferentes. Aunque esto tampoco es exclusivo del autismo, una revisión sistemática realizada por Marí-Bauset y colaboradores encontró que más del 60% de las personas autistas tiene algún grado de selectividad alimentaria[2].

Lo más interesante es que, cuando una persona autista presenta selectividad alimentaria, no lo hace con alimentos saludables, como frutas y vegetales. Por el contrario, su tendencia es a elegir alimentos ultraprocesados[3].

¿Por qué la selectividad alimentaria se da más para los alimentos ultraprocesados y menos para los alimentos saludables en el autismo?

No hay una explicación única. Pero hay varios hallazgos importantes que nos pueden dar luz al respecto.

Por ejemplo, en una revisión realizada en 2024 se encontró que personas autistas prefieren alimentos que tengan el mismo sabor siempre y, debido a la forma industrial y esquemática en que se preparan los alimentos procesados y ultraprocesados, esto les da seguridad de que obtendrán justo el sabor que les agrada[4].

Las comidas preparadas en casa no siempre cumplen con ese estándar, lo que puede causarles más incertidumbre y aumentar su negativa a probarlos. Por eso, es frecuente que veamos a personas dentro del espectro eligiendo las mismas marcas siempre, porque ya identificó su sabor y es lo que prefiere.

Asimismo, muchos alimentos procesados y ultraprocesados suelen dar un placer inmediato, por la combinación que traen de azúcares, grasas o aditivos, lo que activa el mecanismo de recompensa del cerebro cada vez que se consumen. Y esto, mientras más se consume, hace que estemos más deseosos de consumirlos nuevamente, lo que explica la tendencia creciente a su consumo. 

Hay otros casos de personas autistas que tienen dificultades en la masticación o en el proceso de tragar. Esto hace que eviten alimentos que requieran mayor masticación, como vegetales o carnes, y prefieran alimentos más fáciles de consumir, como pan, galletas o jugos.

Adicionalmente, podemos encontrar como factor de riesgo el manejo conductual de los familiares. Cuando deciden darle a la persona autista lo que quiere solo para evitar crisis, este aprende que, para obtener las comidas, sean saludables o no, solo tiene que comportarse de forma negativa. Esto refuerza las malas conductas relacionadas a la alimentación y sirve de estímulo temporal para los familiares, quienes ven la calma como un momento de paz, aunque sea temporal.

En ese sentido, la selectividad por comidas procesadas o ultraprocesadas se da de forma frecuente en el autismo. Pero las causas pueden ser muy variables. Dependiendo de la causa, debe abordarse de manera diferente.

Entonces, ¿cómo lo podemos cambiar?

Para cambiar la selectividad alimentaria lo primero es entender que se tomará tiempo.

El peor error que podemos cometer es intentar cambiar una selectividad alimentaria en un par de días, porque se convertirá en un proceso traumático para todas las personas involucradas. Esto es especialmente importante cuando la selectividad alimentaria lleva años.

Un enfoque de cambio paulatino es lo más recomendable.  Pero siempre basándonos en cuál es la causa.

Por ejemplo, si la causa identificada es que la persona prefiere siempre los mismos sabores, una alternativa es motivarle a que empiece a prepararse sus propios alimentos, aunque sea de forma bien sencilla. Dado que muchas personas autistas prefieren repetir patrones, esto los puede ayudar a preparar sus propios alimentos de la misma manera siempre, con las características que ellos prefieran, pero con ingredientes saludables.

Para aquellos casos donde el placer de los alimentos detona la selectividad alimentaria, primero debemos saber qué característica de los alimentos le producen más placer. Por ejemplo, el placer puede venir por la textura, por la apariencia, por el sabor, por el olor o por la temperatura de la comida. Al identificar qué le produce más placer, se puede usar una técnica llamada “encadenamiento alimentario”, donde ofrecemos alimentos saludables que se parezca mucho en ese aspecto que le agrada, para que así la diferencia no sea radical y sea más fácil que empiece a probar nuevos alimentos.

¿Los familiares y personas que les cuidan  pueden solucionar esto sin apoyo?

Cuando la selectividad alimentaria está muy instaurada, no es recomendable. Lo ideal es que este proceso sea acompañado de un equipo de profesionales, quienes puedan evaluar todos estos aspectos y elaborar un programa personalizado para cada caso.

Este es un reto importante, porque suelen requerirse varios profesionales, incluyendo especialistas en nutrición, pediatria , logopedia o en comunicación y lenguaje (fonoaudiólogo) para trabajar los retos en deglución y masticación, un terapeuta de conducta que aplique técnicas como el encadenamiento alimentario, entre otros.

Este equipo multidisciplinario suele ser costoso, por lo que no todos pueden acceder a estos servicios. Pero cuando las familias saben qué buscar o por dónde empezar, están más cerca del cambio y esto es importante.

Los Gobiernos deben integrar en sus políticas publicas una atención en salud completa, que incluya el acceso a especialistas que puedan orientar a las familias según sus necesidades.   

[1] Mescoloto, S. B., Pongiluppi, G., & Domene, S. M. Á. (2024). Ultra-processed food consumption and children and adolescents’ health. Jornal de pediatria100, S18-S30.

[2] Marí-Bauset, S., Zazpe, I., Mari-Sanchis, A., Llopis-González, A., & Morales-Suárez-Varela, M. (2014). Food selectivity in autism spectrum disorders: a systematic review. Journal of child neurology29(11), 1554-1561.

[3] Buro, A., Kakkad, A., & Gray, H. (2020). P120 children with autism Spectrum disorder who are picky eaters may consume more ultra-processed foods than non-picky eaters. Journal of Nutrition Education and Behavior52(7), S73.

[4] Breda, C., Santero, S., Conti, M. V., & Cena, H. (2024). Programs to manage Food Selectivity in individuals with Autism Spectrum Disorder. Nutrition Research Reviews, 1-34.

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