
Los alimentos que consumimos llegan a nuestras mesas luego de un proceso, que va desde la decisión de qué sembrar y cómo hacerlo; el nivel de procesamiento que se le aplicarán, la decisión de adquirirlos o no al costo en que son vendidos y cómo lo preparamos para consumirlos.
Este engranaje es lo que se conoce como sistema alimentario y su impacto, tanto en el medio ambiente como en la economía, es uno de los principales factores a analizar para lograr una alimentación saludable y enfrentar no solo la desnutrición, sino prevenir el sobrepeso y la obesidad.
Lesly Vejar, oficial de malnutrición y sistemas alimentarios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), planteó cinco vías a través de las cuales los sistemas alimentarios afectan negativamente a la salud y a la nutrición, especialmente cuando se orientan hacia el lucro y la productividad.
La primera son las dietas no saludables y la inseguridad alimentaria que contribuyen a la mala nutrición en todas sus formas; y de las crecientes tasas de sobrepeso y obesidad, además de enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta y, por el otro lado, persisten la desnutrición y la deficiencia de micronutrientes.
La segunda se refiere a los alimentos contaminados, no seguros y adulterados. Es decir, a las situaciones en las que los alimentos y el agua contienen elementos infecciosos o tóxicos, que pueden ser patógenos, microbianos o residuos químicos, que son causa de distintas enfermedades y trastornos que van desde deficiencia de micronutrientes, retraso en el crecimiento, enfermedades transmisibles y no transmisibles e incluso enfermedades mentales.
La tercera se refiere a las enfermedades zoonóticas y la resistencia a los antimicrobrianos, que está relacionada con las enfermedades que se transmiten de los animales a los humanos y que al año causan aproximadamente 2.5 millones de casos de enfermedades.
La cuarta apunta a que los sistemas alimentarios actuales provocan contaminación ambiental y la degradación del planeta, que se produce debido al uso de fertilizantes, de productos que contienen metales pesados o sustancias químicas disruptivas en el proceso de las cadenas de suministro de los alimentos, así como esta agricultura intensiva y a los monocultivos, que está relacionado, entre otros,, a la producción de ultraprocesados y bebidas azucaradas, que además de fomentar el desarrollo de mala nutrición, se basan en una agricultura de monocultivo de azúcar y soya que también tiene un impacto medioambiental.
Y la quinta incluye los riesgos ocupacionales. En esta se aborda tanto la salud física y mental de las personas que trabajan en el sistema alimentario y que pueden ser afectadas debido a la naturaleza de su trabajo o las condiciones en las que trabaja.
Políticas para el cambio
La transformación de los sistemas alimentarios beneficiará a la salud, la nutrición y al medio ambiente. Entre las políticas para lograr este cambio se incluyen el establecimiento de políticas públicas para la adquisición y prestación de servicios alimentarios, la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas, y de los sucedáneos de leche materna.
También la seguridad alimentaria, es decir, el acceso suficiente a alimentos seguros y nutritivos es fundamental para mantener la vida y promover la salud; el etiquetado frontal de advertencia de alimentos que se basa en las directrices de la OMS; la producción y reformulación de alimento y, por último, la fortificación de los alimentos en los casos que sea necesario.
“Si los sistemas alimentarios se transforman pueden convertirse en una poderosa fuerza impulsora para acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la mala nutrición en todas sus formas, y para lograrlo se necesitan carteras coherentes de políticas, de inversiones y de legislación, se requieren acciones que abarquen los sistemas de agricultura, de alimentación, de salud, de medio ambiente, para poder reducir el costo de las dietas saludables y sostenibles”, concluyó Lesly Vejar.
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*Ponencia “Impacto de los sistemas alimentarios en la salud”, en el webinar “Políticas públicas para prevenir la obesidad infantil desde un enfoque de sistemas alimentarios”. 19 de marzo de 2024