La cena navideña: identidad cultural, lazos comunitarios y equidad

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Mantener vivas las recetas locales garantiza que el conocimiento sobre ingredientes tradicionales no desaparezca, promoviendo la diversidad alimentaria y el consumo local.

La cena navideña en la América Latina y el Caribe es el eje de una celebración que va más allá de una simple reunión. Combina una larga tradición de identidad cultural que se mantiene y se hereda a través de la preparación de los alimentos que se preparan y ofrecen en Nochebuena, ritos que van más allá de lo religioso. 

Además de procurar preparar ricos platos, esta celebración comprende elementos de tradición y valores de nuestra comunidad y familia, por lo que preparar la cena de Nochebuena se puede convertir en un ejercicio de fortalecimiento lazos culturales, afecto y de justicia social dentro del hogar.

Herencia y cultura

En nuestras familias tenemos preparaciones que han sido heredadas desde nuestras bisabuelas y bisabuelos, y hasta de generaciones anteriores. Cuando nos reunimos a hacer estas recetas, como “las hallacas que hacía mi abuela” o “la ensalada que nos enseñó a hacer nuestra tatarabuela”, ejercemos el derecho a preservar nuestro patrimonio inmaterial. 

Porque el patrimonio de nuestra familia es también parte del barrio, de la provincia, del estado y de nuestro país. La tradición culinaria navideña es también un lenguaje de resistencia cultural frente a la comida ultraprocesada y la pérdida de identidad.

Mantener vivas las recetas locales garantiza que el conocimiento sobre ingredientes tradicionales no desaparezca, promoviendo la diversidad alimentaria y el consumo local. Además, la preparación colectiva fortalece el tejido familiar, creando redes de apoyo emocional que son fundamentales para el bienestar de todos y todas. 

Cena en familia

Las escenas navideñas suelen verse con las mujeres como las protagonistas del quehacer, un trabajo no remunerado que se realiza en el ámbito privado y que históricamente se hace pasar por “tradición” o “costumbre”. 

Por lo que es importante, primero valorar el papel de las mujeres en transmitir la cultura culinaria navideña, pero también convertir esta tradición en una oportunidad de justicia para transformar la cocina en un espacio de corresponsabilidad.

Los hombres deben dejar de actuar solo como «invitados» o «ayudantes» en la cocina; y convertirse en sujetos activos con la responsabilidad de nutrir a su núcleo familiar, enriqueciendo los lazos familiares.

En esta dinámica también deben tener un lugar cada integrante sin importar sexo o edad. Involucrar a niños, niñas y adolescentes en la preparación de los alimentos desmantelamos prejuicios de género y les enseñamos que el autocuidado y la alimentación son competencias humanas universales, no etiquetas de género. Además que con esto, sembramos hermosos recuerdos que perduraran en nuestras familias y comunidades.

Aquí, algunas sugerencias:

Responsabilidades compartidas: en lugar de una lista de compras individual, dividan las tareas en: planificación, compras, preparación, cocción y limpieza. Asegúrense de que los roles de mayor carga física y logística estén repartidos equitativamente entre hombres y mujeres.

Inclusión intergeneracional: De 5 a 10 años: participan en el diseño visual de la mesa y el lavado los alimentos. Aprenden el valor del alimento desde su estado natural. Adolescentes: se pueden encargan de la gestión de residuos y la preparación de algunos alimentos (picar, majar, organizar los insumos para las recetas). Las personas adultas mayores: actúan como mentoras, transmitiendo la técnica sin necesidad de cargar con el peso físico de la jornada. 

Limpieza compartida: el rito navideño no termina cuando se sirve el postre, sino cuando la cocina vuelve al orden. Esta fase debe ser liderada por quienes no estuvieron a cargo de la cocción principal.

La cena navideña puede ser un espacio de nutrición saludable, con recetas que mantienen y enriquecen nuestra identidad cultural y se comparte el esfuerzo. Así, la cena navideña no solo es una actividad para preparar comida, sino una tradición en la que podemos alimentar una sociedad más justa y equitativa.

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