Las enfermedades cardiovasculares (ECV) continúan siendo la principal causa de mortalidad y discapacidad a nivel global, provocando la muerte de más personas cada año que cualquier otra condición.
De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), estas enfermedades son principal causa de muerte en la Región de las Américas, con más de 2,2 millones de muertes anuales, y representan un desafío para los sistemas de salud, el desarrollo económico y la equidad social.
Entre estas patologías destaca la enfermedad isquémica del corazón, caracterizada por el estrechamiento o bloqueo de las arterias a causa de la aterosclerosis —un proceso de acumulación de placa grasa que engrosa y endurece las paredes arteriales, restringiendo el flujo sanguíneo hacia órganos vitales e incrementando el riesgo de sufrir infartos, angina de pecho o accidentes cerebrovasculares.
La evidencia indica que las dietas con alto contenido de sal, azúcares y grasas trans, combinadas con la falta de actividad física, elevan el riesgo de cardiopatías e infartos; por lo que una alimentación adecuada constituye uno de los pilares para su prevención.
Pero lograr un entorno saludable desde la alimentación requiere de algo más que la voluntad individual.
La prevención no es solo individual
El doctor Daniel Piñeiro, expresidente de la Federación Mundial del Corazón y catedrático de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, destaca la urgencia de fortalecer la prevención en la región desde la niñez, ante los índices preocupantes de obesidad y sobrepeso que se registran.
A nivel regional, en el grupo de edad de 5 a 19 años, el 37,6 % de la población infantil y adolescente vive con sobrepeso u obesidad. Asimismo, según las últimas estimaciones, la condición afecta al 8 % de la infancia menor de cinco años.
«Los niños con sobrepeso u obesidad hoy serán los diabéticos de mañana y serán los infartados de pasado mañana», advierte el doctor Piñeiro.
Agrega que «la cantidad de personas que conocen que son hipertensas, que están tratadas y que están controladas, es un porcentaje mínimo en el mundo, que no alcanza el 40 % y generalmente está alrededor del 20 %. La prevención primordial se inicia cuando la criatura ni siquiera ha nacido, ya con los padres y las madres inicia y le persigue toda la vida”, señala el doctor Piñeiro.
No obstante, las decisiones individuales están condicionadas por los determinantes sociales, económicos y ambientales, por lo que la educación y las regulaciones estatales, considera el doctor Piñeiro, son indispensables.
De acuerdo con el especialista, aunque es importante que la población esté educada e informada para tomar decisiones saludables, la responsabilidad de la prevención no puede recaer sólo sobre el individuo.
Regulaciones ante la industria
El doctor Piñeiro señala que ante factores como la alimentación ultraprocesada, las campañas educativas resultan insuficientes si no existen marcos regulatorios en la adición excesiva de sodio, azúcares y grasas en los alimentos procesados.
Señala que al regular la alimentación no se está ante un debate ingenuo, sino en una «discusión fuerte con una industria muy poderosa que tiene intereses económicos enormes». Por ello, considera que las leyes de regulación como el etiquetado frontal deben defenderse de manera firme frente al lobby corporativo.
«Tenemos que reconocer que el tema de la alimentación es mucho más complicado que las políticas anti tabáquicas(…) no estamos tratando de ser buenos, estamos en una discusión fuerte con una industria muy poderosa que es la industria de la alimentación.»
El especialista considera que se requiere una defensa férrea de impuestos a bebidas azucaradas y un estricto control de la propaganda y publicidad a través de medios públicos.









