En el reciente webinar «Hablemos de Guías Alimentarias: diseño, implementación y desafíos», coordinado por Saludable Saberlo, expertas en nutrición y políticas públicas desglosaron por qué las Guías Alimentarias son mucho más que un folleto de consejos: son herramientas políticas esenciales que deben protegerse de los intereses comerciales.
Las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA) son la brújula que orienta no solo lo que una persona decide poner en su plato, sino también cómo los gobiernos diseñan sus programas de desayunos escolares, subsidios y sistemas de salud. Sin embargo, su creación no está exenta de desafíos y presiones externas.
Evidencia y contexto
Durante el webinar, en el que participaron la doctora Ana Paula Bortoletto y la nutriologa e investigadora Ana Larrañaga, se enfatizó que el proceso de diseño debe ser liderado innegociablemente por el Estado, a través de sus ministerios de salud.
Pero no basta con la intención; la efectividad de una guía reside en su capacidad de estar basada en evidencia, utilizando la mejor ciencia disponible y libre de sesgos; así como contextualizar las realidades de cada país y su cultura, no se puede recomendar lo mismo en un país con altas tasas de anemia que en uno donde impera la obesidad.
«No podemos dar recomendaciones de salud si estas no son asequibles para la población… si estamos recomendando, por ejemplo, fuentes de proteína que son sumamente caras como las carnes rojas, cuando en realidad tenemos fuentes de proteína vegetales que son mucho más accesibles», apuntó la nutriologa Ana Larrañaga, investigadora de El Poder del Consumidor (México).
También se debe dirigir su creación a partir de la accesibilidad, con recomendaciones económicamente viables para la población general.
«No va a ser lo mismo unas guías alimentarias en un país que tiene un problema quizás muy grande de sobrepeso o obesidad… a un país que quizás esté experimentando todavía cifras elevadas de anemia», apuntó Ana Paula Bortoletto, doctora en Nutrición e integrante del Núcleo de Investigaciones Epidemiológicas en Nutrición y Salud (Nupens) de la Universidad de São Paulo (Brasil).
Conflictos de interés
Uno de los puntos más críticos del debate fue la interferencia de la industria de ultraprocesados, lácteos y cárnicos.
Las expertas advirtieron que las empresas suelen intentar influir en las recomendaciones para proteger sus ventas, a menudo suavizando los mensajes sobre el riesgo de sus productos.
La postura fue clara: la industria puede ser escuchada en periodos de consulta pública, pero nunca debe estar sentada en la mesa de toma de decisiones.
«Hay que gestionar de una manera para garantizar que estos conflictos de interés no estén durante el proceso inicial y ni en la toma de decisión para la publicación de las guías», puntualizó la doctora Bortoletto.
El modelo de Estados Unidos
El webinar abordó una duda reciente: ¿Por qué no usamos simplemente las guías estadounidenses? La respuesta es técnica y política.
Se criticó que las guías de EE. UU. no utilizan la clasificación NOVA (que identifica a los ultraprocesados por su grado de procesamiento) y mantienen recomendaciones que favorecen el consumo de carne roja, ignorando la sostenibilidad y las realidades nutricionales de América Latina.
Implementación
Durante el conversatorio se señaló que una guía que nadie conoce no sirve de nada. Para que tengan un impacto real, las guías deben permear en la sociedad a través de un lenguaje visual para facilitar su compresión.
Además de integrarlas en el ambiente escolar, como parte del currículo educativo y de los menús en comedores escolares, y de igual forma en los centros de salud, con la capacitación del personal de atención primaria para que las guías sean su herramienta principal de consulta.







