David Vásquez, neuropsicólogo: “Una mala alimentación no anula los efectos de la psicoterapia, pero sí puede limitarlos”

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Aunque la dieta no es la causa directa de un trastorno depresivo, existe una relación recíproca donde la psicopatología influye en la forma de comer, y estos hábitos alimenticios, a su vez, pueden potenciar o mitigar los síntomas mentales.

David Vásquez, neuropsicólogo
David Vásquez, neuropsicólogo

El psicólogo clínico y neuropsicólogo David Vásquez destaca cómo el consumo de azúcares refinados y productos ultraprocesados puede afectar el progreso de un paciente, debido a que estos alimentos provocan picos de glucosa que se manifiestan como irritabilidad, ansiedad, fatiga y falta de sueño, síntomas que pueden confundirse con recaídas en cuadros de depresión o ansiedad. 

Asimismo, una dieta deficiente puede limitar la eficacia de los fármacos antidepresivos al no proporcionar los nutrientes necesarios para su correcto procesamiento. 

¿Cómo explica la psicología moderna la conexión entre la salud del intestino (microbiota) y el estado de ánimo?

La conexión entre microbiota y el estado de ánimo, se explica gracias al “Eje Intestino-Cerebro”. Este eje es una conexión directa y bidireccional entre la microbiota intestinal y el cerebro. 

Lo interesante de esta conexión es que se influyen mutuamente: dificultades emocionales pueden influir en el intestino y las dificultades intestinales afectan lo emocional. Por esa razón, el hambre o las patologías gastrointestinales pueden generar emociones desagradables, como irritación; y las dificultades emocionales pueden provocar síntomas gastrointestinales, como náuseas, indigestión, etc.  

¿En qué medida la alimentación y su relación con lo emocional es tomada en su consulta?

Reconociendo que los problemas emocionales no siempre tienen una causa relacionada con el eje intestino-cerebro, actualmente sí es una variable que debe tomarse en consideración. De manera particular, cuando alguien viene a consulta con depresión, ansiedad o incluso autismo, el factor de la alimentación se está tomando en cuenta, por su influencia en estas condiciones mentales. 

Debemos resaltar que, si bien la alimentación influye en el estado de ánimo, no siempre puede verse como un factor causal. Investigaciones han encontrado que algunos trastornos mentales pueden favorecer malos hábitos alimenticios y esto, a su vez, empeorar la psicopatología de base. Por ejemplo, una persona puede comer, por “ansiedad”, alimentos altos en azúcares o carbohidratos refinados tarde en la noche; y esto, a su vez, empeora la ansiedad, lo cual lleva a consumir más de estos alimentos, creándose un ciclo que se refuerza mutuamente. 

Por lo tanto, más que un factor causal, en consulta clínica se observa cómo la alimentación influye en la psicopatología, y viceversa. 

¿Qué hábitos alimenticios suele observar con más frecuencia en pacientes que atraviesan un episodio depresivo?

En los episodios depresivos, suelen darse dos extremos: algunas personas comen de más, otras menos. Esto significa que no todos los casos son iguales. 

Cuando hay un aumento de la ingesta en la depresión, normalmente me encuentro con que hay un mayor consumo de ultraprocesados de noche, lo que se conoce como “hiperfagia nocturna”. En estos casos, suelo ver un patrón donde las personas no se desayunan a la mañana siguiente, lo que aumenta la sensación de hambre más tarde y la pérdida de hábitos saludables. 

Sin embargo, aunque el sobrepeso y la depresión ha tomado mucha popularidad en los últimos años, también puede ocurrir lo contrario: una disminución significativa del apetito, lo que lleva a la persona a no recibir todos los nutrientes necesarios a través de la dieta. 

En ambos casos, se requiere una intervención que contemple el desarrollo de buenos hábitos alimenticios. 

¿Puede una mala alimentación boicotear el progreso de una psicoterapia o la eficacia de los fármacos antidepresivos?

Una mala alimentación no anula por completo los efectos de la psicoterapia y/o de los antidepresivos. Pero sí puede limitarlos. Por ejemplo, los picos de azúcar que producen ciertos alimentos pueden generar sensaciones que se confunden con recaída, como mayor irritabilidad, ansiedad o cansancio generalizado. Asimismo, cuando el cuerpo no cuenta con suficientes proteínas o vitaminas, esto hace que ciertos fármacos no se procesen igual, lo que limita su efectividad. 

Se habla mucho de la «inflamación cerebral». ¿Cómo se traduce esto en los sentimientos diarios de un paciente (apatía, irritabilidad, falta de concentración)?

“Inflamación cerebral”, en este contexto, es un término inapropiado, ya que este se reserva para situaciones como infecciones, traumatismos o trastornos neurodegenerativos. Esto es importante entenderlo, porque el mecanismo relacionado a la alimentación no solo ocurre en el cerebro, sino en todo el cuerpo. 

Por eso, el término que suele usarse es “inflamación sistémica de bajo grado”, la cual no siempre se detecta a simple vista. Esta inflamación sistémica, efectivamente, puede vivirse como mayor irritabilidad, apatía o fatiga mental, lo cual lleva a dificultades para concentrarse.  

¿Podría afectar el alto consumo de azúcares refinados a la estabilidad emocional de una persona con tendencia a la depresión?

Así es. Los azúcares refinados, debido a los picos de azúcar que mencioné antes, generan ansiedad, irritabilidad, cansancio y falta de sueño. Y estos, a su vez, facilitan la aparición de la depresión en aquellos con mayor riesgo o empeoran los síntomas de aquellos ya diagnosticados. 

Para un paciente deprimido, la falta de energía es un síntoma. ¿Cómo motiva a alguien que no tiene fuerzas para cocinar a que empiece a comer mejor?

Siempre debemos empezar con aquellos pasos que la persona sí puede dar. Por ejemplo, hay personas que, de entrada, dicen que no tienen ánimo para cocinar ni preparar nada. Pero sí pueden empezar tomando la cantidad de agua apropiada para su peso. En esos casos, nos enfocamos en eso: la ingesta de agua. 

En otros casos, los pacientes dicen que solo quieren empezar con el desayuno, pero no se comprometen con lo demás. Aquí, entonces, nos enfocamos en el desayuno en un primer momento. 

Más que querer lograr grandes cambios de la noche a la mañana, lo ideal es empezar por aquello que la persona sí siente que puede hacer. Y, a partir de esos pequeños logros, vamos construyendo hábitos alimenticios más saludables.  

Al final, los y las pacientes van aprendiendo que, más que motivación, lo que se necesita es dar pequeños pasos para el desarrollo de hábitos. 

¿En qué casos considera necesario derivar al paciente con un nutricionista?

Siempre que haya dificultades en la alimentación, ya sea por exceso o déficits alimenticios, se debe derivar al paciente al nutricionista. Este profesional elabora planes 100% personalizados a las necesidades y requerimientos de los y las pacientes, lo que ayuda de forma significativa al bienestar general. 

Claro está, el plan nutricional debe ir acompañado del proceso terapéutico, que permitirá el desarrollo de hábitos más saludables junto al manejo de otros factores emocionales y conductuales que se asocian a estos patrones alimenticios.  

Si tuviera que elegir un solo cambio alimenticio que tuviera el mayor impacto positivo en la salud mental, ¿cuál sería?

Si solo pudiera elegir uno, sería reducir (aunque sea de forma paulatina) el consumo de ultraprocesados y azúcares. El hecho de solo limitar un grupo, deja abierta la posibilidad de consumir muchos otros alimentos, lo que disminuye la sensación de “prohibición excesiva” que suele generar resistencia en las personas. Y, además, tendría como beneficio una estabilización de la glucosa (lo que reduce síntomas como irritabilidad y fatiga) y mejora la calidad del sueño, lo cual facilita la regulación del hambre y la saciedad. 

 
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