La incidencia de diabetes tipo 2 en la población adolescente y joven es una amenaza presente.
La Diabetes Mellitus Tipo 2 (DMT2) fue considerada desde hace décadas una enfermedad de adultos, con una alta prevalencia a partir de los 30-35 años. Sin embargo, las proyecciones con datos recientes apuntan a que esta enfermedad empieza a convertirse en una crisis de salud pública para la población más joven.
La American Diabetes Association (ADA) indica un incremento anual del 2,3 % en DMT2 para 2025, lo que podría cuadruplicar su prevalencia en menores de 20 años en las próximas cuatro décadas, según cita el artículo Factores de riesgo asociados al desarrollo de la diabete mellitus tipo 2 en adolescentes, publicado en julio de 2025 en Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar.
Este artículo también reseña que un estudio SEARCH en Estados Unidos registró que la prevalencia aumentó de 0,34 a 0,67 por cada 1000 jóvenes entre 2001 y 2017; mientras que uno del Global Burden of Disease (GBD) evidenció un incremento del 122,9 % en la prevalencia en Europa Occidental entre 1990 y 2019.
Las causas
El principal y más contundente factor de riesgo asociado al desarrollo de DMT2 juvenil es la obesidad, que juega un papel crucial en la disminución de la sensibilidad a la insulina, causante de esta enfermedad no transmisible.
«La obesidad es el factor de riesgo más importante, ya que más del 90 % de los pacientes con DM2 de inicio temprano son obesos», se advierte en el análisis Tendencias mundiales y focos de incidencia de la diabetes tipo 2 en niños y adolescentes, publicado en la Revista Mundial de Pediatría (World Journal of Clinical Pediatrics) en junio de 2024.
Y para la región de Las Américas este es un factor que se pone bajo alerta ante la incidencia de obesidad, impulsada por el sedentarismo y los hábitos alimentarios no saludables, como el elevado consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados.
En el informe «Panorama de la diabetes en la Región de las Américas», de la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2023), se indica que 19 de cada 100 niños y 16 de cada 100 adolescentes en la Región de las Américas vivían con obesidad en 2022.
Los datos más recientes de la OPS apuntan que el 37,6 % de los niños y adolescentes de entre 5 y 19 años en Las Américas padece sobrepeso u obesidad, lo que representa la mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad a nivel mundial en la población infantil y adolescente.
A esto se agrega que 81 de cada 100 adolescentes de 11 a 17 años no realizaban suficiente actividad física en 2019.
Peligros de una diabetes de inicio temprano
Ser diagnosticado de diabetes tipo 2 en una etapa temprana de la vida, niñez y adolescencia, implica una alta prevalencia de comorbilidades, en especial las relacionadas con complicaciones macrovasculares (enfermedad arterial coronaria, enfermedad arterial periférica y accidente cerebrovascular) y complicaciones microvasculares (nefropatía, neuropatía y retinopatía diabéticas).
«Si bien la mejora en la atención médica ha conllevado una reducción significativa en las complicaciones y la mortalidad de las personas con diabetes tipo 2, estas mejoras no se han evidenciado en el subgrupo más joven», observa el estudio Tendencias mundiales y focos de incidencia de la diabetes tipo 2 en niños y adolescentes.
Agrega que, «por el contrario, se ha observado un resurgimiento de las complicaciones entre 1995 y 2015 en personas con diabetes tipo 2 de entre 18 y 44 años. Después de 15 años de seguimiento, alrededor del 80 % de los adolescentes en el estudio TODAY habían desarrollado al menos una complicación microvascular».
Este mayor riesgo, señala este estudio, podría deberse entre otros factores a un desarrollo más agresivo y temprano de la enfermedad, con una exposición más prolongada a la carga glucémica, y los efectos de la obesidad y la inflamación, dado que una gran proporción de las personas con diabetes mellitus tipo 2 de inicio temprano presentan sobrepeso u obesidad.
Y esto incluye también la mortalidad. Se señala que un estudio australiano que comparó la tasa de mortalidad estandarizada (TME) en pacientes con DM2 diagnosticada entre los 15 y los 30 años con la de aquellos diagnosticados entre los 40 y los 50 años, los investigadores hallaron una relación inversa entre la edad de inicio de la diabetes y la TME, que fue mayor en la DM2 diagnosticada entre los 15 y los 30 años.
¿Qué hacer?
Para contrarrestar esta tendencia preocupante en la población más joven de la región de Las Américas es necesario la implementación de estrategias de prevención basadas en la identificación temprana de riesgos y la modificación de los hábitos de vida.
Esto es una responsabilidad de los Estados, quienes deben establecer políticas públicas adecuadas y efectivas para que la población tenga acceso a una alimentación saludable, desestimulando el consumo de ultraprocesados.
Una forma es mediante la implementación de impuestos saludables, así como el etiquetado frontal de advertencia, que han demostrado ser efectivos.
Por igual, es crucial hacer los espacios menos «obesogénicos», con acceso a productos comestibles saludables en lugar de ultraprocesados. Esto implica la convergencia de áreas como seguridad y alumbrado para la actividad física.
También se requiere la regulación de la publicidad en medios tradicionales y digitales, para disminuir la influencia enfocada en el consumo de ultraprocesados en niños y jóvenes, además de la implementación del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, para tener la mejor alimentación desde la primera etapa de la vida.








