La alimentación en los primeros años de vida de una persona determina su salud en su adultez

Image

Una adultez marcada por problemas de salud relacionados con enfermedades no transmisibles (ENT), como las cardiovasculares y respiratorias, ciertos tipos de cáncer y la diabetes, suele tener su origen en una infancia en una falta de acceso a atención de salud de calidad y una alimentación adecuada.

Por ello, desde hace décadas, existe un esfuerzo global en que al inicio de su vida, cada persona pueda tener garantías básicas necesarias para su adecuado desarrollo, y un futuro en el que su calidad de vida no sea afectada por enfermedades prevenibles, y aquí radica la especial atención en los primeros mil días de vida.

Los primeros 1000 días abarcan 270 días del embarazo y 730 días de los primeros 2 años. Este periodo establece las bases para la salud a lo largo de la vida, impactando el crecimiento y neurodesarrollo de la persona. La alimentación es parte fundamental de este comienzo.

“Esos mil días se les conoce como una época de programación metabólica. Es más, yo diría que antes del embarazo, porque en realidad es como la genética que trae la mamá, más los hábitos; así como lo del papá, que van a afectar cómo ese bebé es concebido y, por lo tanto, después cómo va a ser su seguimiento a lo largo de su vida”, explica la nutrióloga Claudia Hunot Alexander, quien conversó con Saludable Saberlo sobre alimentación en la niñez (entrevista completa aquí).

Desde antes del embarazo, durante el embarazo, el parto y puerperio y la atención a la criatura recién nacida, la alimentación tiene una relevancia primordial. 

“Una mamá, por ejemplo, que haya tenido diabetes mellitus gestacional va a traer en sí una carga que puede tener, obviamente, consecuencias, tanto para la madre como para el bebé. Entonces, no podemos hablar de obesidad en niños sin hablar de todo lo que le ha sucedido antes”, apunta la especialista. 

De cómo llegamos al mundo

La especialista apunta también que la forma en la que nacemos tiene un peso importante, tanto en la salud digestiva futura como de la forma en que empezamos a alimentarnos luego de ser gestados, ser o no ser amamantados. 

“El parto vaginal tiene una importancia muy grande en cuanto al desarrollo de la microbiota intestinal del lactante, y ese desarrollo de la microbiota intestinal también está asociado, de acuerdo a diferentes estudios, con el desarrollo de diferentes enfermedades, como podría ser el sobrepeso. No es que tener un parto vaginal vaya a ser absolutamente necesario, pero es muy importante”. 

En cuanto a la lactancia apunta que si se tiene un parto por cesárea, “la lactancia cuesta más trabajo porque las secreciones hormonales que mandan las señales para la bajada de la leche están muy relacionadas con el proceso del parto”. 

“Entonces, la secreción de oxitocina que se necesita para hacer las contracciones de todos los músculos abdominales, también es la hormona que se necesita para la eyección de la leche, junto con otras que están involucradas. El mismo parto ayuda a que la lactancia sea más factible”.

730 días de la lactancia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida extrauterina, antes de empezar con la alimentación complementaria, y continuarla hasta los dos años, lo que se conoce como lactancia prolongada. 

La lactancia es la base de la alimentación de un niño o niña desde su nacimiento, y abarca 730 días de los primeros mil días de vida. De acuerdo con datos de la OMS, la lactancia materna prolongada reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad en un 13%, lo que contribuye a combatir las enfermedades no transmisibles causadas por la obesidad. También disminuye el riesgo de diabetes tipo 2 en 35%.

Además, amamantar por seis meses o más se asocia con una reducción del 19% en el riesgo de leucemia en la niñez, comparado con un período más corto o con no amamantar. Otro beneficio en la salud de los bebés amamantados es que tienen un 60% menos riesgo de morir por síndrome de muerte súbita infantil, comparados con los que no son amamantados. 

A esto se suma que también es un proceso de apego que tiene beneficios en la madre. La OMS señala que las mujeres que amamantan tienen un 32% menos de riesgo de tener diabetes tipo 2, un 26% menos de riesgo de tener cáncer de mama y un 37% menos riesgo de tener cáncer de ovarios, en comparación con aquellas mujeres que no amamantan o que amamantan menos.

“La  mejor alimentación siempre, siempre, siempre va a ser la lactancia materna. Ahora, si no se puede, eso es otra cosa”, expresa la nutrióloga Claudia Hunot Alexander. “Pero la idea es poder apoyar a las madres lo más posible, para que sí tengan una lactancia materna exclusiva. Es decir, que pueda lactar a sus hijos hasta los seis meses, como recomienda la OMS. Luego ya entramos al tema que se conoce como la alimentación complementaria”.

La alimentación complementaria

La alimentación complementaria, es decir, la introducción de alimentos sumados a la lactancia materna, se sugiere sea iniciada a los seis meses. ¿Por qué? “A esa edad los niños empiezan a mostrar señales, ya se pueden sentar con apoyo, empiezan a mostrar interés por los alimentos y pierden el reflejo de extrusión que tienen desde recién nacidos, en donde en lugar de tragarse la comida, la escupen”, apunta la doctora Hunot. 

La doctora recomienda empezar esta etapa con variedad en los alimentos, que incluyan legumbres, tubérculos y frutas, así como carne y pescados.

Ofrecer una variedad de alimentos, señala la especialista, también debe ir acompañado de etapas graduales de introducción, en la que la constancia en la experimentación del bebé en las texturas y sabores de la comida se irá integrando a su dieta que, considera, debe estar enfocada en los alimentos y no en los productos.

“Una cosa es que vayas a comprar arroz y frijoles y quesos, que es muy diferente a un paquete de papas, o unas galletas o unos cereales. No es que no sean comida, pero son productos que tienen un grado de procesamiento que también puede afectar a los alimentos, porque contienen, por ejemplo, un exceso de azúcar y de grasas”.

Señala que “la alimentación tiene que tener una prioridad en nuestras vidas, en donde nosotros, en todas las rutinas, por ejemplo, muy ocupadas, tengamos un momento, un día de la semana en donde decimos, a ver, esta semana vamos a comer estas cosas, y entonces para eso voy a necesitar comprar estos alimentos y los puedo preparar en tal o cual día”.

Para esto es necesario que las políticas públicas, leyes y medidas de apoyo al derecho a la alimentación no solo sean aplicadas, sino conocidas y monitoreadas. “Hay mucha falta de educación y conocimiento. Ahí sí toca mucho, tanto de forma individual a las personas, de quererse informar, de tener plataformas como esta que te permitan acceso a información adecuada para que puedan tomar decisiones acerca de qué les van a dar de comer”. 

 

Scroll al inicio