La trampa de las “dietas milagro”

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Una meta usual al empezar un nuevo año es querer tener una vida más saludable. La mayoría de las personas fijan este objetivo con la frase: bajar de peso. Es un propósito mal enfocado ya que suele estar contaminado con factores como la presión social, un abordaje equivocado ante el sobrepeso y la obesidad, los cánones de belleza irrealizables y una autoimagen distorsionada por la publicidad en los medios de comunicación y redes sociales. Esta bruma nos suele llevar al camino de las “dietas milagro”.

Con la promesa de una baja rápida de peso sin mucho esfuerzo, estas dietas no funcionan y resultan peligrosas para nuestra salud, restringiendo el consumo de nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del cuerpo y haciéndonos vulnerables a enfermedades no transmisibles como padecimientos renales, anemia y males cardíacos, entre otros. El objetivo de una dieta debería estar enfocado a estar más sanas(os).

“Suelen ser muy bajas en calorías y limitan de forma extrema la ingesta de alimentos que aportan hidratos de carbono. Aunque pueden conducir a una rápida pérdida de peso inicial, el peso perdido es principalmente a partir del agua corporal y masa muscular (sarcopenia), lo que junto con los numerosos cambios que causan en el metabolismo, produce un efecto rebote al abandonar la dieta, que es lo más habitual”, advierte Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas de España en una publicación sobre el tema.

Estos peligros suelen ser obviados por la publicidad de este mercado identificado al compás de dos opciones: las dietas restrictivas y los suplementos.

Dietas restrictivas

Los consejos indicados bajo una adecuada supervisión nutricional ante el sobrepeso y la obesidad se encaminan al establecimiento de dietas equilibradas y al incremento de la actividad física. 

No obstante, ciertos ámbitos sociales, económicos y culturales, además de las deficiencias de los Estados en establecer políticas públicas que permitan un mayor y mejor acceso a alimentos saludables y espacios públicos adecuados para el ejercicio, pueden dificultar este abordaje. Estos contextos hacen más tentadoras las opciones de dietas restrictivas. 

“Estas dietas promueven una alimentación desequilibrada al excluir o reducir la ingesta de algunos alimentos o grupos de alimentos. Es por ello que pueden comprometer el aporte adecuado de nutrientes esenciales y suponer un verdadero riesgo para la salud, agravando muchas de las patologías asociadas a la obesidad y aumentando el riesgo de muerte prematura”, señala la doctora Isabel Lladó, bióloga y profesora de la  Universidad de las Islas Baleares (UIB) en su artículo “Dietas milagro: no es peso todo lo que reducen”.

De acuerdo con la doctora Lladó, dietas como la de South Beach, la Atkins, la Dukan o la de Hollywood, “reducen la ingesta de hidratos de carbono y aumentan la de proteínas, mimetizando de esta manera estados de ayuno. Como consecuencia disminuyen los niveles séricos de insulina y estimulan la degradación de grasas y la producción de cuerpos cetónicos que se acumulan en sangre. Pueden ocasionar además sobrecarga renal y hepática debido al aumento del metabolismo de las proteínas”.

También, apunta la especialista, otras dietas que “promueven el consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono y limitan el de alimentos proteicos y grasos, pueden causar deficiencia de ácidos grasos esenciales, vitaminas liposolubles y proteínas y su elevado contenido en fibra puede limitar la absorción de algunos minerales y provocar trastornos gastrointestinales”. Estas incluyen las que suprimen comidas o promueven ayunos, restringiendo de manera extrema la ingesta calórica.

La bióloga y profesora advierte que “el principal problema radica en mantener la pérdida de peso conseguida. De hecho, el retorno a la dieta habitual supone ganar peso con más facilidad y rapidez, incluso por encima del que se tenía antes del tratamiento. Es el llamado efecto “rebote”, que se agrava por el seguimiento repetido de dietas milagro que provoca oscilaciones cíclicas de peso”.

Entre los efectos negativos de estas dietas, señala Lladó, están la pérdida de masa muscular, la disminución del gasto energético, cambios hormonales con alteraciones de los niveles y de la sensibilidad a hormonas relacionadas con el apetito y el equilibrio energético, así como el aumento del hambre y la eficiencia metabólica, reduciendo el gasto energético total y promoviendo el almacenamiento de energía en el tejido adiposo (grasa).

“Cuando se gana peso, se pierde y se vuelve a ganar, los adipocitos sufren cambios que afectan al organismo completo y dificultan el mantenimiento del peso corporal”, explica Lladó en su artículo.

Los suplementos para «adelgazar»

Otro método muy extendido y publicitado es el de los suplementos dietéticos que prometen adelgazar, en ocasiones sustituyendo comidas, sin modificar los hábitos de alimentación y actividad física. Al igual que las dietas restrictivas, y con mensajes de promoción como “píldora mágica para adelgazar”, “derrita la grasa” o “pierda peso sin hacer dieta ni ejercicio”, estos productos ponen en riesgo nuestra salud.

En el artículo “Suplementos dietéticos para reducir de peso: dilemas médicos y éticos”, publicado en la Revista Médica de Chile por los médicos Fabián Vásquez y Jairo Vanegas, se indica que se venden como complementos para la dieta y pueden incluir vitaminas, minerales, hierbas, otros productos botánicos, aminoácidos y sustancias como enzimas, tejidos orgánicos y metabolitos. 

Se advierte que “los suplementos dietéticos no se recomiendan como parte de los programas destinados a reducir de peso, debido a que se desconoce su eficacia y seguridad”. Una publicación de los Institutos Nacionales de Salud (en inglés: National Institutes of Health, NIH) indica que los fabricantes de estos suplementos “rara vez llevan a cabo estudios con personas para determinar la eficacia y la seguridad del consumo de sus productos. Cuando se realizan estudios, en general, sólo incluyen a pocas personas que toman el suplemento por unas pocas semanas o meses”.

Por tal motivo, la revisión de estudios reseñada en el artículo de la Revista Médica de Chile hace la observación de que los ingredientes utilizados en estos suplementos “poseen la propiedades de estimular la termogénesis (capacidad de generar calor en el organismo debido a las reacciones metabólicas), los cuales aumentan la presión sanguínea, producen palpitaciones, taquicardia, infarto, alteración del metabolismo hepático y muerte”.

Por igual, la ingesta de estos suplementos puede alterar la efectividad de varios medicamentos. “Unos pueden aumentar el efecto de los medicamentos utilizados para tratar la depresión. Pueden también interferir con los medicamentos utilizados para el tratamiento del VIH y cáncer. Otros pueden aumentar el riesgo de hemorragias, cuando se ingieren con medicamentos anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios”.

También existe otro gran riesgo. Es común la adulteración de estos productos, que pueden incluir ingredientes de medicamentos recetados o sustancias controladas. 

Lo recomendado

El objetivo de tener y mantener nuestra salud corporal  debe pasar por un criterio profesional nutricional, y en ocasiones con apoyo psicológico. 

“La recomendación es que la pérdida de peso sea moderada, pero mantenida, que reduzca grasa corporal preservando la masa magra, y que corrija los errores alimentarios. En definitiva se trata de adoptar un estilo de vida saludable, que incluya una dieta variada y equilibrada y la práctica diaria de actividad física adaptada a cada persona”, sostiene Lladó.

Por igual es importante observar el componente social, cultural y económico, exigiendo políticas que proporcionen condiciones adecuadas para que las poblaciones de nuestra región puedan llevar dietas más saludables, no sean afectadas por la publicidad de los ultraprocesados y tengan espacios públicos adecuados para la actividad física.

El Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas de España, en una publicación junto a una iniciativa Salud sin Bulos, recomienda:

  • Una dieta equilibrada, con una reducción ligera o moderada de la energía diaria, personalizada en preferencias, horario, aversiones, capacidad adquisitiva, preferencias de alimentación y conocimientos culinarios, etc., junto con el incremento de la actividad física, es la combinación que mejores resultados tiene a largo plazo.
  • Incluir una amplia variedad de alimentos saludables frescos y mínimamente procesados, como frutas, hortalizas, granos integrales y sus derivados, legumbres, etc., así como una selección de alimentos proteicos como pescados, huevos y mariscos,y otros bajos en grasas, tales como carnes blancas magras y lácteos.
  • Poder consultar con un dietista-nutricionista para dar seguimiento de la composición corporal con instrumentos de medición, y corregir el perfil nutricional de la dieta, con el fin de evitar o reducir la pérdida de masa magra.
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