La desinformación en temas de ciencia y salud no es solo un «ruido» molesto, sino una amenaza tangible que, en palabras de Sandra Mallo, Gestora de Comunicaciones de la OPS/OMS, durante su participación en V Cumbre Global sobre Desinformación, «no solo distorsiona la verdad, puede costar vidas».
En su exposición, Mallo sostuvo que los datos demuestran la influencia negativa de la desinformación en el área de la salud, con el registro de rebrotes de sarampión en América Latina vinculados a bajas tasas de vacunación y narrativas antivacunas. Además de que estudios revelan que 81 % de los videos sobre «curas» del cáncer en TikTok son falsos, y más de la mitad de los principales consejos sobre salud mental contienen información engañosa.
Pero no solo la desinformación es parte de ese problema. La sobreabundancia de información—cierta o falsa—, conocida como infodemia, dificulta la identificación de fuentes fiables y altera la toma de decisiones, especialmente en emergencias sanitarias. “En el ámbito de la salud, un mito o una falsedad no corregida puede traducirse en un daño físico, un incremento de la ansiedad o decisiones que elevan la transmisión de enfermedades”, advirtió Mallo.
Señaló que se ha vinculado la desinformación en línea con la reducción temprana en la aceptación de las vacunas durante la pandemia de COVID-19, demostrando una relación negativa entre los niveles de desinformación y las tasas de inmunización.
En el caso específico de América Latina, la desconfianza en las vacunas ha llenado vacíos de información. “El gran reto, como se aprendió de la COVID-19, no es competir con la velocidad viral de las falsedades, sino ganar en claridad, contexto y autoridad para construir confianza”.
La especialista apuntó que la desinformación a menudo monetiza el miedo, creando una «industria» donde «vendedores de humo» lucran con las crisis, generando un daño en la percepción ciudadana que con frecuencia no es mitigado con la corrección de información, que “no siempre llega a tiempo”.
El periodismo como herramienta de servicio público
Ante esta situación, Mallo consideró que los periodistas deben fortalecer el papel de servicio público de su ejercicio, anticipándose a los rumores, llenando los vacíos de información, exponiendo los conflictos de interés detrás de la desinformación, traducir la ciencia a un lenguaje sencillo y didáctico y, fundamentalmente, construir confianza.
Para lograr esto, señaló que el periodismo debe asumir compromisos específicos y estratégicos, como el de explicar la ciencia en un lenguaje claro, asegurando que la información sea accesible y comprensible, cerrando la brecha entre la comunidad y la ciencia.
También ponderar la evidencia, entendiendo que no todas las fuentes tienen el mismo peso. “Es crucial usar la pirámide de la evidencia, dando el valor jerárquico que merecen las revisiones académicas, los estudios sistemáticos y la investigación bien fundamentada”, explicó. Así como utilizar formatos visuales y breves “en los mismos canales donde circula la desinformación, usando narrativas creativas para competir con el vasto mundo de las falsedades”.
En contrapartida, la especialista recomendó que los periodistas deben “evitar hacer daño o ruido”, no otorgando “el mismo espacio a teorías negacionistas, conspiranoicas o pseudociencia en aras de un «falso equilibrio».
Por igual, evitar repetir los mitos en el intento de desmentirlos, pues esto a menudo ayuda a asimilarlos. “La técnica es priorizar el contexto y la explicación por encima del desmentido puro”.
Para fortalecer este papel a favor de la información científica, Mallo señaló como una estrategia importante colaborar con redes de fact checking (chequeo de datos/verificación de datos) en alianza con la comunidad científica y organizaciones basadas en la evidencia, como la alianza entre Organización Panamericana de la Salud en Argentina y el proyecto Chequeando.
Finalmente, recalcó que el compromiso de los periodistas pasa por preguntarse si lo que se va a publicar ayuda que alguien actúe correctamente. “El verdadero desafío -concluyó Sandra Mallo-, no es solo informar, sino decidir cómo hacerlo, en un escenario donde cada palabra tiene el potencial de salvar o poner en riesgo vidas”.
